lunes, 12 de julio de 2010

Muchos ruidos y pocas nueces


Es indudable que nos encontramos ante una serie de informaciones, manifestaciones, y opiniones sobre "el matrimonio" de personas del mismo sexo. Situación que causa sorpresa en muchos sectores de la sociedad y estos miran perplejos el debate que en diferentes tonos, opiniones, que se está desarrollando en la sociedad argentina.

Una gran cantidad de cristianos, iglesias y alguna denominación particular, organizan diferentes actos para mostrar su rechazo ante la posibilidad de que se transforme en ley el matrimonio entre personas del mismo sexo. Si bien en las Escrituras es clara la oposición, también es bueno rescatar que esta ley se sujeta principalmente al ámbito civil, pues cada iglesia tiene la facultad de permitir o rechazar, según su fidelidad a la palabra de Dios, que se realice bendiciones de matrimonios del mismo sexo.

Es claro que la palabra de Dios rechaza la unión entre personas del mismo sexo,como podemos ver en las cartas de San Pablo cuando se expresa en diferentes términos sobre esa situación particular. Pero tampoco debemos caer en un contexto que nos conlleve a discriminar a seres humanos por su condición sexual y no integrarlos a una pastoral sería que permita que ellos vayan descubriendo la luz de la verdad bíblica, ser tolerantes no significa que debamos aceptar cualquier circunstancia, acción, que sea contra las normas de la fe bíblica.

Es loable las manifestaciones que se realizan en pro de la familia y su salvaguarda como núcleo de la sociedad y también como iglesia doméstica, pero creo que se está dando demasiada importancia a un acto que está en el ámbito civil y no eclesial, que como cristianos protestantes marcamos siempre que iglesia y estado deben estar diferenciados. Eso no quita que podamos dar libremente nuestra opinión ante algún acto que nos parece que no es acorde a nuestra verdad, este problema sería algo muy menor si como iglesias nos dedicáramos más a evangelizar, llevar la palabra de Dios, y formar cristianos verdaderos, comprometidos con nuestras iglesias, que tengan espíritu misionero y puedan ser sal y luz en una sociedad que vive en tinieblas, por eso la preocupación de muchas iglesias es válida pero también si nos preocupáramos más de nuestros objetivos de formar cristianos con " cerebro" y no cristianos infantiles con poca substancia espiritual, criados como meros receptores de milagros, prosperidades absurdas, obediencia ciega, falta de análisis crítico, tibios, que no producen nada sino que calientan los bancos de las iglesias y tranquilizando así su conciencia domingo tras domingo dejando su ofrenda para luego dormir tranquilos y decir en su interior e cumplido con Dios porque fui a la iglesia y me siento confortado con mi ego.

Por lo tanto, creo sinceramente, que lo primero que tendríamos hacer los cristianos es una evangelización sería y eficaz en nuestras comunidades y a su vez una fuerte evangelización en la sociedad, entonces no tendríamos que estar preocupados por leyes civiles que verdaderamente afectan a una sociedad, pero si hiciéramos las cosas bien según la palabra de Dios, no tendríamos que estar inquietos de que estas conductas "de casamientos de personas del mismo sexo" afecten fuertemente una sociedad si esta estuviera realmente evangelizada. Sinceramente creo que el principal problema no son los seres humanos con la tendencia sexual diferente, sino la falta de compromiso, de acción, de estudio, de preocupación, de seriedad de parte de nuestras comunidades para ser verdaderos misioneros de Cristo resucitado. Si hiciéramos las cosas bien, no estaríamos tan afligidos de que esto pueda provocar un duro golpe a las familias argentinas.

Con esto no estoy haciendo la apología del matrimonio de personas del mismo sexo, todo lo contrario, sino en tratar de abrir los ojos a los cristianos que van de marcha tras marcha en defensa de la familia, cosa que incentivo y apoyo de todo corazón, pero creo que el tiempo y los recursos debiéramos aprovecharlos para una sería programación de una misión nacional, local, que nos permita cristianizar esta sociedad y así no estar pendiente de leyes ni proyectos de leyes que pueden conmover los cimientos de la nación, ya que personas bien formadas en los valores cristianos y con una capacidad crítica de la sociedad según los valores bíblicos no tendría por qué sentirse amenazada ante leyes que intentan, en algunos casos, de subvertir los valores de familia según la visión bíblica. Seguramente alguien que lea fuera de contexto esta nota podrá creer que respaldamos el matrimonio gay, cosa que no pretende estas líneas, sino en poner la verdadera preocupación que debemos tener los cristianos que es nada más y nada menos que extender la palabra de Dios en nuestro territorio, sin preocuparnos demasiado por el ámbito civil.

Rev. José Luis Podestá

viernes, 25 de junio de 2010

EXIGENCIAS DEL DISCIPULO COMENTARIO DE Lc 9, 51-62


El Evangelio nos dice que la generosidad exigida por Jesús a los tres candidatos a seguirle, es radical e imperioso. Incluso, da la impresión de una cierta dureza de parte de Jesús. Pero todo está situado bajo el signo de la exigencia. Jesús ha iniciado el viaje hacia Jerusalén, lugar en donde será sacrificado por nuestros pecados y para nuestra salvación. Esta “pendiente” interminable no se inserta en una dimensión estrictamente geográfica, sino meramente teológica, Jesús se orienta resueltamente hacia el acatamiento de su misión, dada por el Padre.
La marcha de Jesús a Jerusalén no es un viaje común. Por eso el maestro requiere de los discípulos la seriedad de la resolución y del riesgo que lleva seguirle, quien comparte esa aventura, tiene que estar dispuesta a entregar su propia vida.
Por tanto, seguir a Jesús exige, no solo buena voluntad, si no disponibilidad de vivir según su designio, en una constante inseguridad y de la comodidad que da la vida resoluta, ser Cristiano, discípulo de Jesús es vivir en constante movimiento, en no tener nada fijo y estar dispuesto de corazón a hacer la voluntad del Maestro, es así organizar la propia vida según criterios personales, de prosperidad individual a costa del ministerio, no es digno del discípulo verdadero de Jesús, eso no quiere decir que debemos vivir en la mendicidad o en la miseria, pero si ser buenos administradores de los bienes que Dios nos da y estar dispuesto a liberarnos de ellos para cumplir la misión de predicar el Reino.
Esto nos obliga a quebrar muchas veces con las estructuras sociales, políticas, económicas, culturales e incluso afectivas que impidan el movernos diligentemente para llevar la luz del Evangelio, que en algunos casos pueden sujetarnos e impedir nuestro desempeño como discípulos de Jesucristo.
Hoy como ayer, Jesús sigue llamando a hombres y mujeres, en diversas funciones, que abandonándolo todo, se envuelven con la causa majestuosa del Evangelio, tomando el arado sin mirar atrás, donan la propia vida en la edificación de un mundo nuevo donde reine la verdad, la justicia y la igualdad de derechos entre los seres humanos, marcando también las situaciones pecaminosas, tanto humanas como sociales, que impiden el conocimiento de Dios.
El seguimiento de Jesús es una invitación y un don de Dios, pero al mismo tiempo exige nuestra respuesta esforzada. Lamentablemente hoy vemos pastores improvisados, sin formación académica, sin espiritualidad, sin esfuerzo y atados en un “negocio de lo religioso” llevando a la confusión a las personas que se acercan en busca del Pan bajado del cielo, Jesucristo. Ser buenos servidores del Evangelio, implica una invitación de Dios, no un capricho alienante de nuestra mente y a su vez una meta que nos debemos proponer con tenacidad.
Es así que en el ministerio que Jesús nos propone en este siglo XXI es mucho más complejo, vimos en una sociedad que descree en todo pero a su vez cree en muchas cosas irresolutas, es un desafío que nos obliga a formarnos debidamente, en lo intelectual y en lo espiritual, implica también tener la habilidad de saber adaptar la pastoral a la necesidades de hoy, como lo hicieron los primigenios cristianos. No vasta tener buenas intenciones, si no también estar aptos para todo el ministerio y las exigencia que nos demanda el seguimiento de Jesús, no es solo levantarse una mañana y decir soy pastor y salir con una Biblia bajo el brazo , predicando cosas que ni siquiera se entienden o se mal interpretan, si no que demanda todo un sacrificio, ser seguidor de Jesucristo no es enriquecerse ni llenarse de oro, ni ser un empresario de la fe, si no ser un servidor sacrificado, despojado y dador de la riqueza que tenemos que es la Palabra de Dios.
Rev. José luis Podestá

domingo, 23 de mayo de 2010

Un bicentenario como punto de partida para una fe bíblica



Estamos transitando el año del bicentenario, más precisamente el mes de la conmemoración de la Revolución de Mayo, grito de libertad del pueblo argentino.
Si bien muchos a nivel histórico y social pueden cuestionar los alcances de esta revolución, desde nuestro punto de vista queremos rescatar la gesta que realizaron estos “hombres de mayo”, que con sus virtudes y errores quisieron construir una patria para todos, si bien por diferentes avatares de la historia no siempre, o pocas veces se alcanzo el anhelo de estos revolucionarios.
Pues con sus luces y sombras, se vive sobre los cimientos de estos héroes, que pensaron un país, una sociedad, estemos de acuerdo o no.
Hoy como iglesia nos toca construir un presente y un futuro basados en esos ideales y estructuras que quedaron como basamento de una sociedad, en muchas ocasiones perturbadas por diferentes acciones de “no muy patriotas argentinos” , es así que necesitamos construir como comunidad cristiana valores firmes y actuales a la luz de la Biblia, forjando una pastoral y teología propia según el contexto en que vivimos, no por ello resignando los valores de la Palabra de Dios, que es inmutable a través del tiempo.
Fundar una teología Biblia arraigada en nuestra entraña cultural y social, no es fácil, hay que tener cuidado en no caer en una seudo teología imbuida de filosofía política que en vez de surgir una teología propia con fundamento sólido en las Escrituras, termina siendo una justificación política o de pensamientos ajenos a la Palabra de Dios.
No debemos repetir errores históricos que con la excusa de formar un pensamiento teológico moderno y adaptado a la cultura, se termino destruyendo y negando la verdad Bíblica, es así que no existe teología sin la Biblia y su verdad, cuando queremos hacer teología solo se podrá respetando los principios bíblicos, y no negándolos o por comodidad adaptándolos a nuestras filosofías. Si no que cuando se quiere formar un pensamiento teológico propio según la cultura tiene que ser si o si con la Palabra de Dios que es siempre actual, que nos permite resolver los problemas de hoy con la fe bíblica de siempre, no debemos cambiar o adaptar la Palabra, si no resolver los problemas bajo su guía.
Es así que este año del bicentenario de la revolución del 25 Mayo de 1.810 nos exige una nueva y sana cosmovisión bíblica o mejor dicho recuperar esa fe que fue tan dañada con la excusa de nuevas adaptaciones, que no hizo más que lacerar la inefable Palabra de Dios.
Recuperemos los ideales que forjaron nuestra nación e incorporemos a nuestra sociedad fragmentada la Palabra de Dios, una guía de vida para una sociedad sana y pujante. Es así que estamos preparando el año pastoral presbiteriano 2.010-2.011,para lograr asumir el desafío que nos pide Dios en este momento histórico.

Rev. José Luis Podestá

El impulso del Espíritu Santo



Con la festividad de Pentecostés, llega a su fin el tiempo pascual. Después de haber celebrado a lo largo de este período la victoria de Jesús sobre la muerte, por su sacrificio en la cruz y su resurrección; su exaltación a la diestra del Padre, hoy la contemplación y la adoración de la Iglesia, subraya la presencia del Espíritu de Dios y la entrega por el Resucitado de su Espíritu a los Apóstoles, para hacerles participar de su misma vida y constituir con ellos su Pueblo.
Es así que la revelación de Dios dada durante todo el Antiguo Testamento, venía nutriendo esa esperanza del hombre, con la promesa de que un día Dios enviaría su Espíritu sobre todos los individuos. Luego dada plenamente en el nuevo Pacto.
Es así que hoy gracias a la encarnación del Verbo, su pasión, muerte , resurrección y el cumplimiento de la promesa de enviar al paráclito, podemos expresar que en la celebración de la Pascua se ha cumplido todo lo que hablaron los profetas en el Vetero Testamento y la gracia otorgada por Cristo al regalarnos El Espíritu Santo.
Siendo que al dar a conocer la revelación del misterio de Dios a los humildes de corazón, ha manifestado su poder a través de la historia de la iglesia, conducida por la verdad que es enseñada en las Santas Escrituras y conformando y formando a su pueblo, unirlos a una nueva humanidad de sus elegidos, para que vayan y den frutos, instaurar visiblemente con ellos el nuevo Pueblo de Dios y destinarlos como fermento del mundo sin ser del mundo, restaurar todo en Cristo y ser lumbrera de la verdad en los diferentes rincones del mundo, para dar la gloria a Dios.
Por eso son tan asombrosos los frutos del Espíritu Santo. Él reúne a la Iglesia, concediendo nueva vida a aquellos que por la fe son incorporados a Jesucristo. Él transforma el interior de los creyentes proporcionándonos la posibilidad de expresar que Jesús es el Señor y de implorar a Dios como Abbá, Padre, dándonos la adopción como hijos amados, en una relación del tú a tú con el Creador, como de Padre a hijo, Él penetra la capacidad de nuestras mentes concediéndonos la gracia de conocer a través de la revelación los misterios de Dios ,claro que no conocemos todo, solo lo revelado y que nos quiso dar para nuestra guía, y con ese conocimiento suficiente nos hace deleitarnos del regalo de su gracia. El paráclito cambió la vida de los discípulos de Jesús que les dió las fuerzas necesarias para salir a predicar la buena noticia. Como a nosotros hoy forjándonos para transformar el mundo con la luz del Evangelio y dándonos fuerza para vivir en el amor mutuo, el gozo, la paz, la generosidad, la entereza y la fidelidad.
El Espíritu Santo, invocado por nuestras comunidades cuando celebramos una sana y verdadera adoración al Creador, está presente sobre los predilectos para afianzar su fidelidad, proclamar al Señor resucitado y convertirnos así en ofrenda agradable a Dios. Congregarnos en la unidad y en la paz, para ser ejemplo de comunión y buenos proclamadores de su Palabra.
Por eso la Iglesia, pueblo de Dios a través de los siglos, nos presenta ésta celebración en la que termina el tiempo pascual y tenemos que mantener presente una oración que debe prolongarse día a día, "Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, Envía Señor tu Espíritu que renueve la faz de la tierra". Amén.
Rev. José Luis Podestá

miércoles, 19 de mayo de 2010

El logos Joaneo como buen pastor


Juan presenta a Jesús como el buen Pastor, no solo por su propia inventiva literaria, si no por propia manifestación de Jesús que se auto indica como el buen Pastor, la puerta del redil, el pastor verdadero.
Esta manifestación pastoral de Jesucristo, lo vemos en el capitulo diez, en donde se presenta como el buen Pastor.
En este relato, es bueno destacar que Jesús no solo se presenta como el buen Pastor, sí no también como la puerta del rebaño, dando a entender que no hay otro paso por donde llegar al Padre, y que a su vez, es Él quien tiene el poder sobre las ovejas, y es el único que las pastorea, o sea la cabeza visible del rebaño universal perteneciente a Dios.
Era muy común que los pastores durmieran adelante de la puerta del redil para vigilar que no entraran ladrones, así se manifiesta Jesucristo como ese pastor que cuida a las ovejas, estos animales solamente seguían a la voz del pastor legítimo, que era normalmente quien entraba por la puerta principal, no dando oportunidad a los ladrones que no los seguían.
Las ovejas conocen esa voz, por eso Jesús expresa que tiene ovejas que no son de ese redil dando alusión a las ovejas que están esparcidas por todos los rincones del mundo, confirmando que habrá un solo rebano y un solo pastor, este es el Hijo de Dios.
En el versículo diecisiete Jesús expresa que Él entrega su vida para volverlas a recibir, y que por eso es amado por el Padre, este sacrificio de Cristo, que va a suceder más adelante en el relato son para volver a recuperar a esas ovejas que el Padre le encargó.
Significa esto que aquellos que fueron escogidos antes de todos los tiempos son atraídos por el nombre y sacrificio de Jesús en la cruz, por la sola fe en el crucificado.
También otra expresión de Jesús es ser la puerta de las ovejas, esta condición es que solo el permite el paso de sus ovejas y no de las extrañas, eso es muy importante tener en cuenta la teología de la salvación que se presenta en esta parte, no hay otro mediador que no sea Jesucristo, no hay ningún vicario de Cristo que reemplace al Buen Pastor, y Él es el único que conoce a la ovejas que le fueron dadas antes de todos los tiempos, esto es un descarte de la teoría universalista de la salvación que dice que todos se salvaran, esto tira por tierra cualquier especulación que todos vamos a entrar, solo los que Él reconoce que son de su rebano podrán traspasar esa puerta, que es Jesucristo.
Todo líder falso se centra en si mismo, este versículo como tantos otros en la Biblia, echa por tierra la pretensión de “vicarias” de Cristo, siendo considerados miembros de esa multitud de ladrones que da a entender Jesús en este capítulo.
Para Juan el Logos, no es una palabra diáfana, sin no la encarnación verdadera del Verbo de Dios, dando a entender por esta parábola que solo por Él y con Él se llega al Padre.
Rev. José Luis Podestá

domingo, 18 de abril de 2010

EL CENTRO DEL KERIGMA CRISTOLÓGICO DE JUAN.


El discurso que aparece en 3:16 “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, si no tenga vida eterna”.
Demuestra Juan en este versículo que el hijo de Dios hace llevar adelante la obra que el Padre le encomendó, siendo pues que la obra salvifica que lleva el Hijo obra también el Padre, porque la salvación de los hombres es obra del Padre, por el hijo a través del Espíritu Santo.
El Logos Divino encarnado, enviado por el Padre, es la imagen real de la acción salvadora de Dios Trino, es el “delegado” del Padre ante los hombres, para que conozcan su “Palabra”, la “Verdad”, que es el mismo Cristo para salvación de los hombres que en él creen.
Esa presencia de la segunda Persona de la Trinidad encarnada, es hacer presente al que nadie ha visto jamás, abajarse a los hombres, para proceder a la redención de sus escogidos.
El evangelista utiliza constantemente en su evangelio las expresiones de Jesús “El Padre que me envió” para machacar sobre la temática de que Jesús no es un hombre más ungido por el Dios altísimo, si no es el mismo Hijo de Dios hecho carne, que habla lo que el Padre le dijo y hace su voluntad.
Manifestar a Jesús como “el evangelio de Dios”, es el fin de Juan en todo el contexto narrativo, el anuncio y realización de la salvación por medio del “Hombre-Dios” manifestado en Jesús de Nazaret , hijo de una virgen llamada María, que habitó entre nosotros para nuestra redención, murió por los escogidos y resucitó.
En su mensaje el Logos Joaneo pone una crisis entre los que escuchan la palabra y entre quienes la rechazan, Juan manifiesta este hecho en varios acontecimientos narrados en su evangelio, especialmente en los acontecimientos milagrosos.
El describir a Jesús como el enviado del Padre, da a entender que existe todo un movimiento elíptico de la figura de Jesús, “nadie ha subido jamás al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre” Jn.3:13.
Ese enviado de Dios viene de lo alto, no es un hombre terrenal “ungido” como antiguamente sucedía con los reyes, patriarcas, sacerdotes y los profetas, por esta razón Jesús estaba por encima de todos los predecesores.
Para Juan y para nosotros también, el cielo es el origen del “Logos” hecho carne y la tierra el destino del envío, pero solamente temporal para cumplir el mandato del Padre, debiendo regresar al “seno del Padre” para reinar para siempre.
Juan despliega toda una realidad de la encarnación del hijo de Dios, siendo el centro de su anuncio, de su Kerigma, y demostrando de quien el habla no es un mero profeta, si no, quien habitó y habita con el Padre en unión con el Espíritu Santo.
Juan por lo tanto expresa una cristología fundamental en cada capitulo de su evangelio, que a través de la historia del cristianismo se fue desarrollando y afianzando, no sin luchas e inconvenientes, pero basándose sobre todo en ese anuncio Kerigmatico del escrito Joaneo.
La cercanía a Jesús por parte de este discípulo amado, hace legítima la pretensión del mensaje revelador del misterio, Dios hablo a los hombres en la Palabra Encarnada, en el Hombre Jesús. Siendo que en este Logos convivían las dos naturalezas, la Divina y Humana, que solo de esta forma era posible que el Verbo de Dios caminara entre los hombres y cumpliera el propósito del plan divino, nuestra salvación.
Rev. José Luis Podestá

lunes, 29 de marzo de 2010

La locura de la cruz, locura de amor.


No existe ningún dogma que haya hallado tanta dificultad y provocado tantas réplicas como el de nuestra salvación por la obra redentora de Jesucristo.
La imagen de un Dios, que nos ha creado para que nuestra humanidad se perdiera y que a su vez, jamás quiso mostrarse satisfecho con ninguna ofrenda, o alabanza, con ningún sacrificio de animales o representaciones y muestras de humillación, hasta que hubo entonces de correr la sangre de su propio Hijo, no tiene para las mentes carente de fe asidero o lógica alguna, no resulta nada atractivo, es más, también espanta y choca, subvirtiendo los trasfondos conceptuales y racionales más profundos de nuestra naturaleza, y provocando reflexión de desacuerdo que un Dios Padre, todo amor, toda bondad; al mejor estilo de Pascal que lo define como que es "sensible al corazón".
Entregar a su propio Hijo al sacrificio más ignominioso, y seleccionar incluso a los salvos y a los que serán condenados, es decir mostrando a un Dios irracional, perturbado en lo más profundo, dando una imagen terrible a la humanidad, casi un espanto agobiante y lúgubre sobre la historia humana, provocando una desazón y un tremendismo en el final que nos tocaría padecer a seres imperfectos como nosotros, pecadores enraizados en el lodo de lo mundano y nuestra frágil naturaleza.
Estas contradicciones asombrosas no son incomprensibles más que para aquéllos que se conservan sobre la base absoluta del razonamiento puramente empírico y por esta razón, desechan con excesiva facilidad la naturaleza de las relaciones que existen entre Dios y el hombre, todo un misterio.
Es así que el medio de esta relación es de orden ontológico, por lo tanto la elucidación que puede y debe darse de ella pertenece a un dominio que sobrepasa el de la experiencia y de todo entendimiento lógico, no limitado por las categorías del espacio y del tiempo.
Las contradicciones aparentes se disipan cuando las reflexionamos sobre el plano de lo real y desde el punto de vista del todo que es lo único que responde a la realidad de las cosas. Siendo que solo nos invita a reconocer que por la fe, y la verdad revelada en las Santas Escrituras, observamos a la redención como un absoluto misterio, justamente como todas nuestras relaciones existentes con Dios , siendo así que nosotros seres finitos e imperfectos, nos comunicamos con un ser infinito, Dios, dándonos cuenta que todo es misterio, y revelado en su justa medida en la Biblia, pero no por ello dejando de percibir que en todas las cosas hay un secreto de Dios, en cada árbol, en cada brisa, en la hierba, en el pájaro, en las estrellas y en su brillantez en la noche, etc. todo es un solo enigma divino, como lo es el mismo amor. La redención dada por el amor más supremo pasa a ser el insondable secreto, es el misterio del amor de Dios para sus criaturas. Para alcanzarlo hay que haber ejercitado y comprendido el amor, como dice San Pablo, en Corintios 13, sin amor nada soy. Sin tener amor a Dios y dado por Dios, nunca comprenderemos el sacrificio pascual que demandó por parte del Hijo, el Verbo hecho carne, para lograr nuestra liberación del pecado y de la oscuridad en la cual estábamos inmersos.
Es así que nuestra Pascua, el paso de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz, de estar fuera de la mano de Dios al estar entre sus brazos como sus hijos amados, gracias al sacrificio de Cristo, por sus queridos, por sus elegidos.

Es por eso que el Logos de Dios, el Verbo, el Hijo amado, se humilló a sí mismo, como dice San Pablo en su carta a los Filipenses: “El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios.
Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre;
y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.
Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre.
Para que al nombre de Jesús = toda rodilla se doble = en los cielos, en la tierra y en los abismos, = y toda lengua confiese = que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre.” (Fil. 2:5-11).
Es así que la locura y absurdo de la cruz, de un Dios Padre que entrega a su Hijo al sacrificio más cruel, al vituperio más absoluto, ser ultrajado por seres limitados e inferiores, solo lo podemos comprender mediante la “razón de la Fe”, porque toda fe es razonada en lo profundo de la mente y del corazón, no es solo una fe de “ Aleluyas”, sino , en la profundidad del ser que explota ante la magnificencia del amor absoluto, casi absurdo que Dios tiene por la humanidad, por sus amados. Siendo así que comenzamos la Semana Santa, como se la denomina en el ámbito eclesial, para culminar en un día de gloria para todos los cristianos, el Domingo de Pascua, en donde la locura de la cruz, se transforma en árbol de vida para el mismo Hijo de Dios hecho hombre, y para salvación de la humanidad amada por Él, solo con la fe y con la razón de nuestro corazón entenderemos este gran misterio, que solo alguien loco de amor por otro, se entrega a la muerte para salvar al ser amado, a si Dios Padre, entrega a Dios hijo, quien muere y resucita para salvación.
Que esta Pascua de Resurrección sea un nuevo vuelco a nuestro corazón y logre renovarnos en la fidelidad a Dios, Uno y Trino.
Felices Pascuas de Resurrección.
Rev. José Luis Podestá