lunes, 2 de agosto de 2010

ANIVERSARIO ORDENACION PRESBITERAL



EL 3 DE AGOSTO DE CUMPLE EL CUARTO ANIVERSARIO DE LA ORDENACION PRESBITERAL DE JOSÉ LUIS PODESTÁ.

jueves, 15 de julio de 2010

Dos grandes bendiciones.


En el estudio de la Biblia podemos decir que tenemos dos grandes bendiciones, con la bendición de nuevo pacto, como así lo podemos denominar, es cuando Dios pone sus leyes en la mente de los creyentes, en ese sentido se describe la ley de Dios que nos llama en nuestros corazones y a nuestra mente a realizar las obras que la palabra de Dios nos indica, es así que el intelecto del regenerado que ha controlado y orientado por la palabra de Dios. Una evidencia del “nuevo nacimiento” es la prioridad que se da a las Santas Escrituras en la vida personal, la Biblia se convierte en la delicia de quien ha nacido de nuevo, este sujeto dedica tiempo a la meditación de la palabra de Dios.
En buena parte de la vida de todo cristiano se hace necesario una buena comprensión de la santa palabra de Dios, provocando en esta persona un creciente interés intelectual, es decir, orientará hacia las normas bíblicas todo nuestro accionar estará supeditada a la lectura de la meditación de la palabra de Dios, que nos ira hablando a cada paso de nuestro diario vivir.
Estudiar la palabra de Dios no es un mero intelectualismo, dedicada solamente la investigación pero sin fe, que sólo se convertiría en un profesional avezado conocedor del texto, no viviendo lo que es el espíritu de la palabra de Dios.
La segunda bendición, si la podemos denominar así, es la que dispone Dios en sus mandamientos, quien la escribe sobre nuestro corazón, es donde expresa el sentido real de su ley y nos permite controlar el centro de los afectos y nuestras voluntades, es así que la palabra de Dios está puesta, ejerciendo señorío sobre la vida del regenerado.
Este implica que como cristianos debemos tener una vida conducida por Dios y sujetos totalmente a su palabra, verdad revelada, y con ella conducirnos en la vida diaria, en la educación familiar, el desarrollo eclesial, en la sociedad para combatir los males que afectan a generaciones que están como ovejas sin pastor.
Aclarando la nota anterior cuando me refiero a no gastar esfuerzos ni recursos por temas están en el ámbito civil, si bien tenemos derecho como habitantes de este suelo de expresar nuestras opiniones sobre determinados temas, "el matrimonio de personas del mismo sexo", pero como eso se encuentra dentro de un poder civil que legisla para toda una sociedad independientemente de las confesiones religiosas escapa en gran parte de nuestro poder de acción, eso no quiere decir que podamos manifestarnos según nuestra conciencia ante las autoridades para exponer nuestras opiniones, que son tan válidas como de los grupos que la apoyan, no por eso vamos hacer intolerantes añorando épocas de la inquisición en donde el pensar diferente podría traer la muerte. Pero como iglesia tenemos una palabra revelada, según nuestra fe, a la cual tenemos derecho de exponerla a toda la sociedad, debemos cumplir el mandato de Jesús de predicar el Evangelio a toda criatura.
Es así que primordialmente como cristianos debemos construir y constituir un hogar sano basado en la palabra de Dios respetando los valores que se nos enseña a través de toda la Escritura para lograr fortalecer lo que denominamos "iglesia doméstica" que son la base de toda las iglesias que se constituyen en asamblea pública.
La palabra de Dios para los que creemos es normas de vida, y no debemos ni añadir ni quitar parte de ella, no podemos caer en el error de querer adaptar la palabra de Dios a los tiempos de los hombres, claro está que podemos, adaptar, modernizar, trabajar en nuevas pastorales que permitan ser un iglesia integradora, tolerante, que mire al futuro, atendiendo el presente, pero con base sólida en el pasado, no como mera añoranza de lo que se perdió, de un pasado glorioso en donde nuestras iglesias estaban llenas, sino de mantener una doctrina, que es columna vertebral de toda iglesia sin la cual se pierde sentido doctrinal que hace la identidad de nuestra historia como comunidad de fe.
Es así que incentivo a todos los cristianos a retornar a la palabra de Dios, a su estudio, meditación, una sana comprensión, que nos permita adoptar una pastoral seria a los tiempos que corren pero a su vez estar sujetos a la palabra indeleble de nuestro creador. Invito a todos que volvamos a tener una opción de estudio y meditación de la Biblia y también la apliquemos al nuevo contexto social y desarrollar una pastoral acorde al siglo XXI, que son desafíos diferente a que los reformadores de antaño les tocó vivir. Hoy tenemos la mano en el arado para trabajar esta tierra con la semilla de la fe, con una dosis de tolerancia y otra de firmeza, no por eso ser personas que excluyamos a otros sino todo lo contrario integremos y evangelicemos a nuestros semejantes.

Rev. José Luis Podestá

lunes, 12 de julio de 2010

Ser buenos samaritanos


Podemos observar que en la época de Jesús, en su mayoría, la mentalidad de los maestros de la ley tenían un alto contenido de legalismo, erigiéndose como únicos intérpretes de las verdades bíblicas, no tal cual el espíritu de la revelación divina, sino, que estos maestros interpretaban de una forma fría cada palabra de las Santas Escrituras, sin importarles las necesidades de los de los hombres.

Solamente era permitido lo que marcaba la estructura legal impuesta por estos hombres que se decían doctores de la ley, es así que todo lo que no alcanzaban a comprender o no les interesaba que se realizara era prohibido por la estructura legal que ellos defendían.
Es así que se erigían como los paladines de la verdad y de la moral de todo el pueblo hebreo. Se había llegado a establecer que la ley de culto primaba sobre cualquier ley, inclusive, sobre los derechos de las personas, que luego Jesucristo denominó la ley del amor.

Jesús, se sintió sorprendido por la frialdad y la falta de misericordia que estos maestros ejercían en nombre de Dios y su ley, también nos recuerda que hoy existen en esta sociedad todavía muchos maestros de la ley que dictan cátedras de dogmática, eclesiología, de pastoral y de relaciones humanas.

La parábola del buen samaritano nos interpela sobre la caridad que todos los cristianos debemos tener hacia el prójimo, no por ser diferente a nosotros, en pensamiento, doctrina, pensamiento político, color de piel, etc., debemos discriminar y no practicar la ley del amor dada por Jesucristo hacia los seres humanos. Eso no quiere decir que debemos aceptar todo lo que sucede a nuestro alrededor como meros espectadores y no intervenir de forma clara, pero caritativamente en corregir los abusos, la exclusión, la discriminación. Con nuestro accionar mostrar la verdad del Evangelio que es luz y verdad. No caer, por nuestro afán de predicar el Evangelio, en un fariseísmo, que nos creamos más que la verdad revelada dadas en las escrituras, por el mismo Dios viviente.

Es así como en esta lectura observamos que muchos “maestros” de la ley hebrea esquivaron al infortunado hombre que yacía en el camino, para no contaminarse por la impureza, que según la ley, contraían si prestaban auxilio a un hombre ensangrentado o alguien enfermo que no conocieran. El ejemplo válido es el accionar del samaritano, quien sin importarle si era judío o samaritano o de alguna otra religión del Medio Oriente, le asiste curando sus heridas y pagando al posadero los gastos mientras el hombre se reponía de sus heridas.

Es digno destacar que para muchos de estos letrados, según el libro del Levítico, el prójimo es el israelita, que se reserva, según el mencionado libro, el apelativo de hermano solamente a los pertenecientes a la casa de Israel. Jesús en cambio globaliza el sentido de hermandad a todos los hombres creados por Dios. Esta parábola es un ejemplo vivo de nuestras obligaciones como cristianos ante el sufrimiento, la angustia, el hambre, la injusticia, la marginalidad, la pobreza, la ignorancia, entre otros males que aquejan al ser humano, que lo alejan de la igualdad de oportunidades en una sociedad que pretende ser justa. Nuestro deber es anunciar el verdadero Evangelio a todos sin miramientos ni prejuicios, sino lograr que la verdad, que es Dios mismo, sea anunciada a todos y así rescatar de la oscuridad a los hombres, sobre todo a los más afligidos, a los sufrientes, que necesitan de nosotros, buenos samaritanos del siglo 21, para ser rescatados de esas tinieblas que los someten día a día a las peores condiciones de existencia; sobre todo estar alejados de los beneficios que Dios da al hombre para su verdadera liberación espiritual. Es así que hoy nosotros somos verdaderos liberadores del hombre, a través de la palabra de Dios predicada sanamente, sin añadiduras ni alocadas teorías seudo políticas que lo único que hace es extraviar al hombre y no dirigirlo hacia la verdadera luz que es Jesucristo liberador de los hombres a través de su sacrificio dado en la Cruz por única vez para la redención de sus predilectos.

Es así que tenemos que tener mucho cuidado de no caer en legalismos fuera de las verdades de la Biblia, que en vez de liberar al hombre puede llegar a esclavizar, no logrando el fin propio de las Escrituras que es el conocimiento pleno y verdadero de Dios, que se revela a través de cada versículo, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, haciendo carne cada palabra de las Santas Escrituras que son nuestra norma de fe y vida. Ser verdaderos predicadores de la palabra es un trabajo de inclusión, tolerancia, firmeza en la verdad revelada, sin faltar a la misericordia con nuestro prójimo que es nuestra obligación como cristianos, verdaderos seguidores del amor eterno, que es el mismo Jesucristo, redentor de los hombres, para nosotros ser sal y luz en este mundo de angustia, exclusión, dolor, tinieblas.

Rev. José Luis Podestá

Muchos ruidos y pocas nueces


Es indudable que nos encontramos ante una serie de informaciones, manifestaciones, y opiniones sobre "el matrimonio" de personas del mismo sexo. Situación que causa sorpresa en muchos sectores de la sociedad y estos miran perplejos el debate que en diferentes tonos, opiniones, que se está desarrollando en la sociedad argentina.

Una gran cantidad de cristianos, iglesias y alguna denominación particular, organizan diferentes actos para mostrar su rechazo ante la posibilidad de que se transforme en ley el matrimonio entre personas del mismo sexo. Si bien en las Escrituras es clara la oposición, también es bueno rescatar que esta ley se sujeta principalmente al ámbito civil, pues cada iglesia tiene la facultad de permitir o rechazar, según su fidelidad a la palabra de Dios, que se realice bendiciones de matrimonios del mismo sexo.

Es claro que la palabra de Dios rechaza la unión entre personas del mismo sexo,como podemos ver en las cartas de San Pablo cuando se expresa en diferentes términos sobre esa situación particular. Pero tampoco debemos caer en un contexto que nos conlleve a discriminar a seres humanos por su condición sexual y no integrarlos a una pastoral sería que permita que ellos vayan descubriendo la luz de la verdad bíblica, ser tolerantes no significa que debamos aceptar cualquier circunstancia, acción, que sea contra las normas de la fe bíblica.

Es loable las manifestaciones que se realizan en pro de la familia y su salvaguarda como núcleo de la sociedad y también como iglesia doméstica, pero creo que se está dando demasiada importancia a un acto que está en el ámbito civil y no eclesial, que como cristianos protestantes marcamos siempre que iglesia y estado deben estar diferenciados. Eso no quita que podamos dar libremente nuestra opinión ante algún acto que nos parece que no es acorde a nuestra verdad, este problema sería algo muy menor si como iglesias nos dedicáramos más a evangelizar, llevar la palabra de Dios, y formar cristianos verdaderos, comprometidos con nuestras iglesias, que tengan espíritu misionero y puedan ser sal y luz en una sociedad que vive en tinieblas, por eso la preocupación de muchas iglesias es válida pero también si nos preocupáramos más de nuestros objetivos de formar cristianos con " cerebro" y no cristianos infantiles con poca substancia espiritual, criados como meros receptores de milagros, prosperidades absurdas, obediencia ciega, falta de análisis crítico, tibios, que no producen nada sino que calientan los bancos de las iglesias y tranquilizando así su conciencia domingo tras domingo dejando su ofrenda para luego dormir tranquilos y decir en su interior e cumplido con Dios porque fui a la iglesia y me siento confortado con mi ego.

Por lo tanto, creo sinceramente, que lo primero que tendríamos hacer los cristianos es una evangelización sería y eficaz en nuestras comunidades y a su vez una fuerte evangelización en la sociedad, entonces no tendríamos que estar preocupados por leyes civiles que verdaderamente afectan a una sociedad, pero si hiciéramos las cosas bien según la palabra de Dios, no tendríamos que estar inquietos de que estas conductas "de casamientos de personas del mismo sexo" afecten fuertemente una sociedad si esta estuviera realmente evangelizada. Sinceramente creo que el principal problema no son los seres humanos con la tendencia sexual diferente, sino la falta de compromiso, de acción, de estudio, de preocupación, de seriedad de parte de nuestras comunidades para ser verdaderos misioneros de Cristo resucitado. Si hiciéramos las cosas bien, no estaríamos tan afligidos de que esto pueda provocar un duro golpe a las familias argentinas.

Con esto no estoy haciendo la apología del matrimonio de personas del mismo sexo, todo lo contrario, sino en tratar de abrir los ojos a los cristianos que van de marcha tras marcha en defensa de la familia, cosa que incentivo y apoyo de todo corazón, pero creo que el tiempo y los recursos debiéramos aprovecharlos para una sería programación de una misión nacional, local, que nos permita cristianizar esta sociedad y así no estar pendiente de leyes ni proyectos de leyes que pueden conmover los cimientos de la nación, ya que personas bien formadas en los valores cristianos y con una capacidad crítica de la sociedad según los valores bíblicos no tendría por qué sentirse amenazada ante leyes que intentan, en algunos casos, de subvertir los valores de familia según la visión bíblica. Seguramente alguien que lea fuera de contexto esta nota podrá creer que respaldamos el matrimonio gay, cosa que no pretende estas líneas, sino en poner la verdadera preocupación que debemos tener los cristianos que es nada más y nada menos que extender la palabra de Dios en nuestro territorio, sin preocuparnos demasiado por el ámbito civil.

Rev. José Luis Podestá

viernes, 25 de junio de 2010

EXIGENCIAS DEL DISCIPULO COMENTARIO DE Lc 9, 51-62


El Evangelio nos dice que la generosidad exigida por Jesús a los tres candidatos a seguirle, es radical e imperioso. Incluso, da la impresión de una cierta dureza de parte de Jesús. Pero todo está situado bajo el signo de la exigencia. Jesús ha iniciado el viaje hacia Jerusalén, lugar en donde será sacrificado por nuestros pecados y para nuestra salvación. Esta “pendiente” interminable no se inserta en una dimensión estrictamente geográfica, sino meramente teológica, Jesús se orienta resueltamente hacia el acatamiento de su misión, dada por el Padre.
La marcha de Jesús a Jerusalén no es un viaje común. Por eso el maestro requiere de los discípulos la seriedad de la resolución y del riesgo que lleva seguirle, quien comparte esa aventura, tiene que estar dispuesta a entregar su propia vida.
Por tanto, seguir a Jesús exige, no solo buena voluntad, si no disponibilidad de vivir según su designio, en una constante inseguridad y de la comodidad que da la vida resoluta, ser Cristiano, discípulo de Jesús es vivir en constante movimiento, en no tener nada fijo y estar dispuesto de corazón a hacer la voluntad del Maestro, es así organizar la propia vida según criterios personales, de prosperidad individual a costa del ministerio, no es digno del discípulo verdadero de Jesús, eso no quiere decir que debemos vivir en la mendicidad o en la miseria, pero si ser buenos administradores de los bienes que Dios nos da y estar dispuesto a liberarnos de ellos para cumplir la misión de predicar el Reino.
Esto nos obliga a quebrar muchas veces con las estructuras sociales, políticas, económicas, culturales e incluso afectivas que impidan el movernos diligentemente para llevar la luz del Evangelio, que en algunos casos pueden sujetarnos e impedir nuestro desempeño como discípulos de Jesucristo.
Hoy como ayer, Jesús sigue llamando a hombres y mujeres, en diversas funciones, que abandonándolo todo, se envuelven con la causa majestuosa del Evangelio, tomando el arado sin mirar atrás, donan la propia vida en la edificación de un mundo nuevo donde reine la verdad, la justicia y la igualdad de derechos entre los seres humanos, marcando también las situaciones pecaminosas, tanto humanas como sociales, que impiden el conocimiento de Dios.
El seguimiento de Jesús es una invitación y un don de Dios, pero al mismo tiempo exige nuestra respuesta esforzada. Lamentablemente hoy vemos pastores improvisados, sin formación académica, sin espiritualidad, sin esfuerzo y atados en un “negocio de lo religioso” llevando a la confusión a las personas que se acercan en busca del Pan bajado del cielo, Jesucristo. Ser buenos servidores del Evangelio, implica una invitación de Dios, no un capricho alienante de nuestra mente y a su vez una meta que nos debemos proponer con tenacidad.
Es así que en el ministerio que Jesús nos propone en este siglo XXI es mucho más complejo, vimos en una sociedad que descree en todo pero a su vez cree en muchas cosas irresolutas, es un desafío que nos obliga a formarnos debidamente, en lo intelectual y en lo espiritual, implica también tener la habilidad de saber adaptar la pastoral a la necesidades de hoy, como lo hicieron los primigenios cristianos. No vasta tener buenas intenciones, si no también estar aptos para todo el ministerio y las exigencia que nos demanda el seguimiento de Jesús, no es solo levantarse una mañana y decir soy pastor y salir con una Biblia bajo el brazo , predicando cosas que ni siquiera se entienden o se mal interpretan, si no que demanda todo un sacrificio, ser seguidor de Jesucristo no es enriquecerse ni llenarse de oro, ni ser un empresario de la fe, si no ser un servidor sacrificado, despojado y dador de la riqueza que tenemos que es la Palabra de Dios.
Rev. José luis Podestá

domingo, 23 de mayo de 2010

Un bicentenario como punto de partida para una fe bíblica



Estamos transitando el año del bicentenario, más precisamente el mes de la conmemoración de la Revolución de Mayo, grito de libertad del pueblo argentino.
Si bien muchos a nivel histórico y social pueden cuestionar los alcances de esta revolución, desde nuestro punto de vista queremos rescatar la gesta que realizaron estos “hombres de mayo”, que con sus virtudes y errores quisieron construir una patria para todos, si bien por diferentes avatares de la historia no siempre, o pocas veces se alcanzo el anhelo de estos revolucionarios.
Pues con sus luces y sombras, se vive sobre los cimientos de estos héroes, que pensaron un país, una sociedad, estemos de acuerdo o no.
Hoy como iglesia nos toca construir un presente y un futuro basados en esos ideales y estructuras que quedaron como basamento de una sociedad, en muchas ocasiones perturbadas por diferentes acciones de “no muy patriotas argentinos” , es así que necesitamos construir como comunidad cristiana valores firmes y actuales a la luz de la Biblia, forjando una pastoral y teología propia según el contexto en que vivimos, no por ello resignando los valores de la Palabra de Dios, que es inmutable a través del tiempo.
Fundar una teología Biblia arraigada en nuestra entraña cultural y social, no es fácil, hay que tener cuidado en no caer en una seudo teología imbuida de filosofía política que en vez de surgir una teología propia con fundamento sólido en las Escrituras, termina siendo una justificación política o de pensamientos ajenos a la Palabra de Dios.
No debemos repetir errores históricos que con la excusa de formar un pensamiento teológico moderno y adaptado a la cultura, se termino destruyendo y negando la verdad Bíblica, es así que no existe teología sin la Biblia y su verdad, cuando queremos hacer teología solo se podrá respetando los principios bíblicos, y no negándolos o por comodidad adaptándolos a nuestras filosofías. Si no que cuando se quiere formar un pensamiento teológico propio según la cultura tiene que ser si o si con la Palabra de Dios que es siempre actual, que nos permite resolver los problemas de hoy con la fe bíblica de siempre, no debemos cambiar o adaptar la Palabra, si no resolver los problemas bajo su guía.
Es así que este año del bicentenario de la revolución del 25 Mayo de 1.810 nos exige una nueva y sana cosmovisión bíblica o mejor dicho recuperar esa fe que fue tan dañada con la excusa de nuevas adaptaciones, que no hizo más que lacerar la inefable Palabra de Dios.
Recuperemos los ideales que forjaron nuestra nación e incorporemos a nuestra sociedad fragmentada la Palabra de Dios, una guía de vida para una sociedad sana y pujante. Es así que estamos preparando el año pastoral presbiteriano 2.010-2.011,para lograr asumir el desafío que nos pide Dios en este momento histórico.

Rev. José Luis Podestá

El impulso del Espíritu Santo



Con la festividad de Pentecostés, llega a su fin el tiempo pascual. Después de haber celebrado a lo largo de este período la victoria de Jesús sobre la muerte, por su sacrificio en la cruz y su resurrección; su exaltación a la diestra del Padre, hoy la contemplación y la adoración de la Iglesia, subraya la presencia del Espíritu de Dios y la entrega por el Resucitado de su Espíritu a los Apóstoles, para hacerles participar de su misma vida y constituir con ellos su Pueblo.
Es así que la revelación de Dios dada durante todo el Antiguo Testamento, venía nutriendo esa esperanza del hombre, con la promesa de que un día Dios enviaría su Espíritu sobre todos los individuos. Luego dada plenamente en el nuevo Pacto.
Es así que hoy gracias a la encarnación del Verbo, su pasión, muerte , resurrección y el cumplimiento de la promesa de enviar al paráclito, podemos expresar que en la celebración de la Pascua se ha cumplido todo lo que hablaron los profetas en el Vetero Testamento y la gracia otorgada por Cristo al regalarnos El Espíritu Santo.
Siendo que al dar a conocer la revelación del misterio de Dios a los humildes de corazón, ha manifestado su poder a través de la historia de la iglesia, conducida por la verdad que es enseñada en las Santas Escrituras y conformando y formando a su pueblo, unirlos a una nueva humanidad de sus elegidos, para que vayan y den frutos, instaurar visiblemente con ellos el nuevo Pueblo de Dios y destinarlos como fermento del mundo sin ser del mundo, restaurar todo en Cristo y ser lumbrera de la verdad en los diferentes rincones del mundo, para dar la gloria a Dios.
Por eso son tan asombrosos los frutos del Espíritu Santo. Él reúne a la Iglesia, concediendo nueva vida a aquellos que por la fe son incorporados a Jesucristo. Él transforma el interior de los creyentes proporcionándonos la posibilidad de expresar que Jesús es el Señor y de implorar a Dios como Abbá, Padre, dándonos la adopción como hijos amados, en una relación del tú a tú con el Creador, como de Padre a hijo, Él penetra la capacidad de nuestras mentes concediéndonos la gracia de conocer a través de la revelación los misterios de Dios ,claro que no conocemos todo, solo lo revelado y que nos quiso dar para nuestra guía, y con ese conocimiento suficiente nos hace deleitarnos del regalo de su gracia. El paráclito cambió la vida de los discípulos de Jesús que les dió las fuerzas necesarias para salir a predicar la buena noticia. Como a nosotros hoy forjándonos para transformar el mundo con la luz del Evangelio y dándonos fuerza para vivir en el amor mutuo, el gozo, la paz, la generosidad, la entereza y la fidelidad.
El Espíritu Santo, invocado por nuestras comunidades cuando celebramos una sana y verdadera adoración al Creador, está presente sobre los predilectos para afianzar su fidelidad, proclamar al Señor resucitado y convertirnos así en ofrenda agradable a Dios. Congregarnos en la unidad y en la paz, para ser ejemplo de comunión y buenos proclamadores de su Palabra.
Por eso la Iglesia, pueblo de Dios a través de los siglos, nos presenta ésta celebración en la que termina el tiempo pascual y tenemos que mantener presente una oración que debe prolongarse día a día, "Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, Envía Señor tu Espíritu que renueve la faz de la tierra". Amén.
Rev. José Luis Podestá