viernes, 22 de agosto de 2008

Lumbrera de Ginebra para le mundo de hoy.



Lumbrera de la reforma y de la Iglesia toda, con gran influencia en todo mundo, así es elogiado con mucha razón Juan Calvino, el cual es objeto de especiales celebraciones en el año 2009, en que se cumple el V centenario de su nacimiento.
En el clima del renovado entusiasmo suscitado por este quinto centenario, se han hecho investigaciones, se han publicado trabajos, se organizan festejos y se han tenido reuniones en muchas universidades y centros de estudios superiores como así también en seminarios y diferentes organizaciones que siguen los principios bíblicos de la reforma, en especial del gran teólogo de Ginebra.
Hoy a raíz de la festividad que se acerca, les animamos a continuar a todos los pastores y miembros de las iglesias presbiterianas, reformadas, la noble tarea y al mismo tiempo, exhortamos a todos los fieles y a los ministros a contribuir en sus comunidades con diferentes ideas para llevar en algo el pensamiento del reformador y demostrar el vigor que nuestras iglesias continúan teniendo a través del tiempo, para reconocer en él que es el guía autorizado para una sana interpretación de los principios teológicos expresados en cada página de las Santas Escrituras; en efecto, existen muchos indicios que nos permitieron exponer sin temor a equivocaciones, que de su doctrina hoy interesa e influye también en los hombres de nuestro tiempo en todo el desarrollo de la fe y vida. Poniendo de relieve numerosos elementos de la doctrina del gigante de Ginebra, que tiene mucha categoría en orden a la garantía e investigación de la verdad revelada dada en la Biblia; por este motivo lo recomendamos a nuestros contemporáneos, cosa que ha hecho y sigue haciendo la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa, como maestro en el arte de pensar como guía para conciliar los problemas teológicos y para plantear fielmente el saber en general.
Así, pues, queremos manifestar abiertamente nuestra conformidad con los que sostienen que, aun quinientos años después de su nacimiento, Juan Calvino debe ser celebrado no sólo como excelso pensador y doctor del pasado, sino también por la vigencia de sus principios, de su desarrollo doctrinal fiel a la Biblia; y deseamos exaltar al mismo tiempo las razones de la autoridad que le reconocen muchos teólogos hoy y las instituciones educativas de las Iglesias reformadas, y especialmente muchísimos predecesores nuestros en el pastorado, que no dudaron en otorgarle el más alto honor entre los teólogos de los últimos siglos.
Confesamos que al confirmar y reavivar una personalidad tan brillante como en algunos casos tan polémica, nos mueve sólo el respeto a la autoridad de su pensamiento , de sus logros y virtudes, como así también de aprender de los errores que en su tiempo pudiera haber cometidos, todo hombre es hijo de su época, y el gran teólogo de Ginebra, no estuvo exento de las circunstancias que lo rodearon, por eso juzgarlo con nuestra visión del siglo XXI, seria mas que un latrocinio histórico y sobre todo una falta de respeto a este gran hombre.
También es buena la consideración objetiva de la validez de su doctrina, el fruto que se obtiene estudiando y consultando sus obras, como sabemos por propia experiencia, y la comprobación del poder persuasivo y formativo que ejerce en sus discípulos, sobre todo en los jóvenes, como pudimos observar a través de los años.
Saber que hoy día no todos están de acuerdo con sus principios, pero no se nos oculta que muchas veces el recelo o aversión que se siente hacia Calvino deriva de un contacto superficial y desconocimiento de su doctrina, más aún, del hecho de que no se leen ni se estudian sus obras. Por eso, también nosotros exhortamos a todos los que deseen formarse un criterio maduro acerca de la postura que hay que adoptar en esta materia, es el ir a las Fuentes, o sea a sus obras, y sacar con Biblia en mano las consideraciones que el gran Doctor de la reforma tan acertadamente logró congeniar con su brillante pensamiento sistemático, por lo tanto quisiera exhortarlos a ¡ir a Calvino! Buscar y leer las obras de Calvino, no sólo para encontrar alimento espiritual seguro en aquellos opulentos tesoros de sus escritos, sino también y ante todo, para darnos cuenta personalmente de la inconmensurable hondura, riqueza e importancia de la doctrina que contienen sus obras y sobre todo la fidelidad a la verdad revelada.
Para formarse hoy en día un juicio fiel del valor perdurable del pensamiento de Juan Calvino en la Iglesia y en el mundo de la cultura, no basta conocer de modo directo y completo sus textos, si bien es necesario, pero es preciso también tener en cuenta el contexto histórico y cultural en que vivió y llevó a cabo su obra de maestro, pastor y escritor, para sacarle el “jugo” a todo su pensamiento, expresión doctrinal extremadamente fiel a la Biblia.
No podemos negar que también desde el punto de vista sociopolítico, son conocidas las vicisitudes que transformaron completamente la fisonomía de Europa y la influencia en las demás naciones fuera del viejo continente, la victoria de los estados en busca de su soberanía sobre la antigua dominación del imperio medieval, bajo la égida del catolicismo Romano, encaminado ya al ocaso; el desarrollo económico de las ciudades más industriales y el florecimiento cultural de las grandes universidades, la amplia difusión de los descubrimientos científicos y de las elucubraciones filosóficas típicas del periodo renacentista y finalmente las nuevas relaciones con diferentes naciones con el auge del movimiento protestante, marcaron toda una diferencia en el mapa político e indefectiblemente influyo en el desarrollo de la doctrina reformada, aportando grandes hombres en el campo de la teología, con gran y renovado ímpetu para transformar una iglesia corrompida y decadente como era en su momento la iglesia católica romana.
Así también apreciamos todo el desarrollo del pensamiento Calvinista en todos los estamentos de la economía, la educación, el trabajo, la familia, etc., que provocó un desarrollo constante en donde dichas ideas ingresaron con tan abundantes frutos, a veces alguno mal interpretaron el pensamiento del hombre de Ginebra, y distorsionaron su mensaje esencial, que es sostenido por las Santas Escrituras, en síntesis Calvino no quería expresar ningún pensamiento nuevo, solo su deseo más entrañable fue el recuperar la pureza de la doctrina Bíblica, que el con tanto empeño logró, por eso para evitar errores de muchos que nos llamamos Calvinistas es interesante que nos sumerjamos en el mar de las Escrituras y en las aguas tranquilas del pensamiento del gran Doctor de la reforma, Juan Calvino, para si prepáranos para el gran jubileo que se avecina.
Rev. José Luis Podestá

sábado, 16 de agosto de 2008

Profetas para el siglo XXI




En este siglo XXI, nos encontramos con diferentes conceptos sobre que es el profetismo o las misión del profeta, lamentablemente, también comprobamos las falencias que tienen muchos pastores sobre esa función, algunos pensando que solo es un arte de adivinación o casi de curanderos mágicos sobre las personas, otros mas o menos acertados todavía mantienen la deficiencia del concepto del ministerio profético; hay otros, los menos, que tienen claridad sobre lo que implica ser profeta en el 2.008.

Primeramente se debe tener como única fuente del ministerio profético las Santas Escrituras, Palabra revelada de Dios a los hombres, y no salirse de ella, para imponer o exponer terminologías, o conceptos e ideas propias fuera de las Escrituras, esto no es solo pronosticar acontecimientos, tipo horóscopo, o videntes de poca monta, si no es nada más y nada menos que anunciar y denunciar, esto significa que dentro de nuestro ministerio pastoral debemos comunicar constantemente la Palabra de Dios, expresada de principio a fin en la Biblia, y denunciar en privado y públicamente todo lo que atente contra la misma verdad de las Escrituras, no podemos callar lo que hemos recibido de Dios y no podemos tolerar las aberraciones que se realicen contra la creación del altísimo y su autenticidad, sobre todo contra la vida de los seres humanos mas débiles y los que sufren la exclusión o la persecución de cualquier índole que atente contra su fe, contra su vida, entre ellos podemos mencionar los niños por nacer, frutos de un acoso constante basados en seudos derechos a decidir, de los marginados por diferentes cuestiones políticas o de índole racial o social, etc.
Por lo tanto, el ministerio profético, en su dimensión más profunda, implica que toda vocación pastoral, profética, es un gran misterio, es una gracia que supera enormemente al hombre, cada uno de nosotros lo experimenta públicamente durante toda la vida y en especial durante su ministerio con las personas que se acercan y nos rodean asiduamente, ante la grandeza de este don, apreciamos cuan indignos somos de ello y nos damos cuenta al mismo tiempo de la enormidad de la elección de Dios para cumplir su obra y nosotros indignos siervos suyos, frágiles, limitados, y en muchas ocasiones indoctos, somos por su gracia inefable, llevados a este mar embravecido que es el mundo que nos toca transitar para llevar su palabra y ser sus profetas en el siglo XXI.
La vocación es el misterio de elección divina, no de nosotros, indignos, y pecadores, si no de Él, "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca" (Jn. 15: 16). "Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón'' (H.b 5: 4). "Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí" (Jr. 1: 5). Estas palabras inspiradas sacuden hondamente toda alma del ministro del Evangelio, del predicador de Dios.
Por eso, cuando en las más disímiles circunstancias damos testimonio del mismo Dios Uno y Trino, debemos hacerlo con gran humildad, con orgullo, ya que no somos dignos de ellos, si no que solamente por su gracia, ejercemos el ministerio profético, ser conscientes de que Dios "nos ha llamado con una vocación santa, no por nuestras obras, sino por su propia determinación y por su gracia" (2 Tim 1: 9). Al mismo tiempo, nos damos cuenta de que las voces humanas no son competentes de abarcar la dimensión del misterio que el pastorado en nombre de Jesucristo tiene en sí mismo.
Esta señal, me parece necesaria para que se pueda entender de modo justo lo que es en realidad el camino del “Profeta” en el siglo XXI, y el ministerio pastoral imbuido en el mismo. EL verdadero profetismo es un jugarse día a día por Dios, por la verdad, por la justicia, por llevar el mensaje del Divino Creador a todas partes, a tiempo y a destiempo, sabemos que combatimos día a día con adversarios y las conflictividades de nuestro tiempo, e incluso con nuestras preocupaciones cotidianas, que en muchos casos nos desaniman y nos tiran por tierra muchos proyectos, pero sabemos que no depende de nosotros lo que hagamos o los logros obtenidos, si no solo de Dios, el es soberano, el es nuestros Rey , quien nos dirige constantemente para llevar su Palabra, porque con el somos mas que vencedores en este mundo fragmentado, humillado y casi en una sociedad que se vive el desprecio, la ignominia, la falta de respeto y cordura necesaria para la convivencia, el crimen, la marginación, la exclusión, la persecución, la intolerancia, la humillación de lo sagrado, la destrucción de la vida, el pecado en plano de igualdad con la honestidad por parte de los medios públicos de comunicación, la política y la corrupción en todos los niveles, la seguridad mancillada, etc. Son parte del grito que debe alzar toda la obra pastoral del profeta de Dios que debe en humildad y fortaleza hacerse presente con el mensaje del Altísimo en este mundo frenético rumbo a un choque destructivo consigo mismo.
Por lo tanto, la misión profética no es adivinar o decir el “Señor me dijo” o el “Señor me reveló” etc., como muchos tele evangelistas, de escaso nivel teológico, salen como curanderos o magos al mejor estilo del señor de los anillos, o de patéticas representaciones de los profetas del Antiguo Testamento. Si no, es hacer presente con la voz la verdad de la Palabra revelada de Dios que se da en la Biblia de punta a punta, y denunciar con fuerza y caridad, todo lo que denigre la voluntad Divina, esa es hoy la función del profeta, del pastor, del ministro de Dios, no el agregar nuevas mágicas revelaciones, si no de llevar adelanta la ya dada hace muchos miles de años desde el Génesis al Apocalipsis.
Rev. José Luis Podestá

domingo, 3 de agosto de 2008

ANIVERSARIO DE ORDENACION PRESBITERAL




EL 3 DE AGOSTO DE CUMPLE EL SEGUNDO ANIVERSARIO DE LA ORDENACION PRESBITERAL DE JOSÉ LUIS PODESTÁ.

jueves, 31 de julio de 2008

Espiritualidad conyugal y reflejo en el barrio.


El tema de la espiritualidad conyugal es indicado observarla de variadas perspectivas, algunos parten enfocando la espiritualidad desde el punto de vista de los medios; otros, parten de la espiritualidad como fenómeno global. El enfoque que voy a ofrecer aquí es desde la visión cristiana, especialmente bíblica y como desde esta perspectiva afecta y se desarrolla en el barrio.
Puedo decir que la espiritualidad es "la ciencia, primeramente, de las reacciones de la conciencia religiosa ante el objeto de la fe, lo cual constituye el aspecto intelectual, y, en segundo lugar, la ciencia de los actos humanos que tienen una referencia especial a Dios”
Al emplear esta enunciación en el contexto cristiano bíblico, podemos decir que es "la aplicación del Evangelio a la vida del cristiano”.
Esto quiere decir que el Evangelio con todo lo que lo representa, que es la Palabra de Dios revelada y enviada al hombre para ser norma de vida, ésta Palabra concede al hombre la “sabiduría” de Dios, le muestra el camino para llegar a Él y los medios para lograr la salvación que Jesús nos obtuvo por la redención, esto es la Fe en Cristo, único mediador entre Dios y los hombres. El colofón del mensaje evangélico es concebir que el hombre asimile en su vida el plan Divino y mediante su realización obtener la unión final del individuo con Dios, es decir, los que vulgarmente se llama la santidad. El hombre está marcado por una predestinación, ser hijo de Dios y vivir como tal, en esta tierra.
Por lo tanto la familia, en especial la pareja, debe reflejar y desarrollar una tarea evangelizadora en su entorno, sea mediante actividades visibles al resto de la comunidad o ya sea en forma interna en donde se refleje el amor de Dios en sus vidas.
El punto de partida de este proceso de manifestación pública de nuestra espiritualidad cristiana y concretamente la reformada, es la predicación de la Palabra y el testimonio de vida, la integridad del mensaje evangélico. La propiedad del lenguaje que se emplee para hacerlo es importante y a su vez llegar a las personas en lo hondo de sus vidas a través de nuestro testimonio, además como factor que contribuye a especificar la espiritualidad de cada uno de los miembros de la pareja.
La causa ejemplar que el Evangelio plantea a todo ser humano es Cristo, Señor y Maestro. El Evangelio no se puede reducir a una doctrina, ni a una ideología. El Evangelio reclama una adhesión personal a Cristo, es una fe concreta en el Resucitado, de absoluto testimonio y entrega. La espiritualidad cristiana no es la búsqueda de una perfección al estilo de los estoicos o del monacato medieval. La gracia no es fruto de la acción humana, proviene de Cristo como el agua de la fuente.
Por lo tanto como matrimonio se debe testimoniar la fuente que es el Evangelio y esa agua viva que brota de la misma que es Cristo, causa eficiente de nuestra salvación.

Rev. José Luis Podestá

jueves, 10 de julio de 2008

Lectura bíblica e identidad cristiana, para un cambio personal y social.


Los libros canónicos del Antiguo y del Nuevo Testamento, dirigen a sus lectores más allá de sus páginas, a los sucesos excelsos de la intervención Divina a lo largo de la historia de la humanidad, que narran los eventos reales de un pasado, de una historia sagrada, al mismo tiempo tienen poder hoy de hacer reflexionar a quienes se abren a su mensaje mediante la sana interpretación de sus pasajes.
Por ejemplo, en la carta a los Romanos, es un texto que factiblemente carezca de competidor entre los textos del Nuevo Testamento. Su capacidad para originar nuevas perspectivas, se ha señalado reiteradamente en momentos decisivos de la experiencia de los cristianos, como lo observamos en Agustín, que acudió a ella en el año 390 d.c., para encontrar una respuesta exegéticamente verdadera al inconveniente presentado por el determinismo maniqueo, que señalara la realidad de la voluntad humana, aunque le fuera dificultoso alcanzar el equilibrio entre el libre albedrío y la gracia divina.
También en los inicios del siglo XVI, Martín Lutero, afligido por la penuria de descubrir un fundamento para una fe indudable en la salvación, que no brindaban las creencias y las prácticas del catolicismo medieval, halló en Romanos la fundamental idea de la justificación por la fe .
Lutero estaba encantado por esta carta del apóstol de los gentiles, que consideraba su fuente de reflexión y guía. También lo fue para otros grandes reformadores como le sucedió a Juan Calvino, que supo poner excelentemente por escrito en sus comentario a los Romanos, en donde sagazmente realiza una interpretación magistral de cada punto y significado, que solo el genio de Ginebra puedo realizar con total claridad y actualidad. Cuatro siglos posteriores a estos “padres” de la reforma, Karl Barth, observando globalmente un mundo despedazado por la Primera Guerra Mundial, publicó la primera edición de su exposición a los Romanos en 1.919; en este comentario acometió con la noción del sujeto como creador de cultura y de la historia y a su vez como la religión había proporcionado a la cultura burguesa un soporte ideológico capital, planteando la imagen de un Dios que existe completa y enteramente en sí mismo, previamente de todo conocimiento que se posea sobre él y que vigila al mundo castigándolo. Una segunda edición aparecería en 1.922,en réplica a quienes les expresaban que se oponía a la crítica histórica, Barth reprochaba los infecundos preludios que se pasaban como si fueran una gran exégesis de Pablo y reclamaba la necesidad de una auténtica comprensión e interpretación, que proporcionara la energía creadora que caracterizaba la mejor interpretación de Pablo. Es lógico que al final de su teología Barth cometiera varios errores de interpretación, que en muchos casos socavaron la verdad de las Escrituras.
No obstante, la lejanía cultural –histórica, que se halla entre un texto bíblico y cada generación de lectores, no es cierto, que éstos se vean impedidos para comprender lo que se anunció originalmente en ese texto, ya que todo lector amateur puede comprender por más mínimo que sea el significado del mensaje, algunos con el fin de impedir la llegada de la Biblia al pueblo, elaboró lúgubres argumentos que desechan la capacidad de los ciudadanos simples y llanos, en la lectura de la verdad bíblica. No existe en principio ninguna incompatibilidad entre la situación narrada en esa carta y la que experimentamos con la lectura de los demás textos bíblicos, a la luz de la situación actual que tiene su parecidos y sus divergencias, pero es el mensaje altamente revelador para las circunstancias que nos aquejan hoy.
Por esta razón, leer un texto bíblico de un modo que haga justicia a su trama histórica y que al mismo tiempo nos siga hablando a los lectores hoy que vivimos en otros contextos culturales y que a través de ella encontremos las respuestas a nuestras situaciones de vida, es por un solo motivo, que la Biblia es palabra verdadera de Dios, y que solo por su excelencia a través de los siglos, es posible tanta coherencia. Para interpretar los acontecimientos expuestos en la Biblia, debemos tener todo un ejercicio de información intercultural que solo con una buena predisposición y con ganas como cristianos, logremos para nuestro beneficio y de la sociedad.

Rev. José Luis Podestá

sábado, 21 de junio de 2008

Recuperar el sentido ético en nuestras sociedades, para un cambio cristiano verdadero


Hoy vivimos tiempos en donde el sentido ético se ha perdido, no parece claro el horizonte que nos espera, si no recuperemos el concepto bíblico de sociedad, en donde la cabeza indefectiblemente sea Dios.

No puedo dejar de reproducir un antiguo escrito apócrifo de la época de los primeros cristianos, si bien no es inspirado por Dios, pero su mensaje parece ser cuestionador a nuestras conciencias, es el comienzo de la “Doctrina Apostolorum” que dice lo siguiente:

1.“Dos caminos hay en el mundo, el de la vida y el de la muerte, el de la luz y el de las tinieblas. En ellos han sido establecidos dos ángeles, el de la justicia y el de la iniquidad. Pero grande es la diferencia entre los dos caminos. 2. Así pues, el camino de la vida es éste: en primer lugar, amarás al Dios eterno que te hizo; en segundo, a tu prójimo como a ti mismo. Por otra parte, todo lo que no quieras que sea hecho contigo, tú no lo hagas a otro. 3.La explicación de estas palabras es ésta:
. 2. No adulterarás, no matarás, no darás falso testimonio, no violarás al niño, no fornicarás, no practicarás la magia, no fabricarás perversos brebajes, no matarás al niño mediante aborto ni darás muerte al nacido, no codiciarás nada de tu prójimo. 3. No perjurarás, no hablarás mal, no recordarás las malas acciones. 4. No tendrás doblez al dar consejo, ni serás de doble lengua, pues la lengua es trampa de muerte. 5. Tu palabra no será vana ni engañosa. 6. No serás ambicioso ni avaro ni voraz ni adulador ni pendenciero ni de malas costumbres. No admitirás plan malo contra tu prójimo. 7. No odiarás a ningún hombre, sino que los amarás más que a tu vida. “

Es irrefrenable pensar en nuestra sociedad, la cual es constantemente vituperada por mercaderes de todo tipo, de la muerte, del negocio espurio, de la política barata, de intereses mezquinos y tantos otros factores, que nos hacen un mar social de conflictos permanente.
El pecado asesta constantemente el golpe contra el hombre en todas partes, lo podemos observar en los lideres de gobiernos, de justicia, religiosos en algunos caso, en general en todas las organizaciones humanas, si bien siempre la política y demás organismos y sus personajes, pueden mejorarse a través de la escucha del pueblo y sobre todo de la palabra de Dios. Es también una responsabilidad innegable por parte de cada uno de nosotros hacer un sociedad justa y más equitativa, en donde la igualad de oportunidades sea real y no mera discursiva acomodaticia, en donde la paz y la concordia no sea un proyecto de buenas voluntades si no consecuencia real de una integración social basada en los principios Divinos y no en circunstancias autómatas de relación obligada.
Si bien los procesos legislativos y judiciales en nuestro país son intentos loables de promover la justicia social, no son más que la punta de un iceberg de una sociedad, y hoy con dolor y preocupación vemos como sociedades en todo el mundo son socavadas por miles de intereses espurios, explotando pueblos y hombres para fines limitados y de abundantes ganancias, en muchos casos a costa de arruinar la creación de Dios y la destrucción del hombre, imagen y semejanza del Altísimo.
Es triste ver como la justicia legisla injusticia, como se enarbola derechos de opción y se decreta la matanza en los vientres maternos, como a nombre de la recuperación de posibilidades para todos se saquea la propiedad y el derechos sobre la misma por parte de decretos o políticas extorsivas y saqueadoras en muchos casos, en varios países del orbe.
Hoy es necesario asumir, casi indelegable, nuestra responsabilidad social a la luz de las Santas Escrituras, no podemos mirar hacia el costado cuando la humanidad sufre, es necesario que llevemos el mensaje del Dios soberano a todos, para intentar que por la infinita gracia, nuestras sociedades cambien, basadas en la regla Divina, que solo en las Escrituras se revela; no existe otro medio fuera de la Palabra de Dios que nos convenza a los cristianos como forma de acción, solo ella es nuestra norma de fe y vida, la cual tiene que ser reflejo en nuestras sociedades, para así buscar el equilibrio y justicia que las naciones necesitan a la sombra del Altísimo
Es nuestro deber también evitar ese efecto “constantiniano” donde se asociaba al poder una organización y usarlas como viles lacayos de intereses oscuros, como sucedió con parte de una iglesia que junto al estado conformaban un indisoluble vinculo de coerción, sobre todo arraigado en la edad media, donde se realizaban co-gobiernos a costa de la falsificación del mensaje cristiano verdadero, esa sistematización del “corpus constantinianum”, donde era un mutuo usarse para fines detestables y poco claros de poder. Hoy en países democráticos reales debe desaparecer ese sistema, ya sea dado a una organización o a una subordinación servil de representantes legítimos del pueblo a intereses mezquinos y unitarios en perjuicio de la mayoría.
Es hora que los cristianos reformados nos pongamos a evangelizar, aprovechando que el próximo año se conmemora los 500 años del nacimiento del gran reformador Juan Calvino, lograr llevar la luz de la Biblia a cada hogar, a cada hombre, para poder así reformar una sociedad y hacerla más justa y vivible, en un mundo desbordado por el pecado y desarraigado de la verdad de Dios.
Rev. José Luis Podestá

domingo, 1 de junio de 2008

Recuperar la realeza de Cristo, comentario al salmo segundo.


Este salmo segundo, muy frecuentemente denominado salmo real, por ser el primero de una serie que se ocupa del rey, el ungido de Dios, quien es el que ejecuta la soberanía sobre la nación.

Es posible que la constitución de estos salmos, se vean influidos por algunas ceremonias de investiduras monárquicas o ceremonias de la cuales intervienen estos gobernantes.

Un detalle a tener en cuenta en este salmo, es que comienza a hablar explícitamente sobre la institución por parte de Dios de un rey en Sión, la entonces capital del reino, pero a su vez denuncia en este salmo una insurrección de reyes de diferentes lugares de la tierra, en este caso cercanos a Sión, Jerusalén, en donde se esparce un plan malévolo de destruir al ungido de Dios, y contra el mismo Jehová. No es casualidad que hoy también vivamos un reflejo de este salmo en nuestra sociedad mundial, en donde las naciones intentan borrar todo vestigio de lo Divino, del cristianismo en sus constitución como nación, casi como algo maquiavélicamente perpetrado a través de los siglos, las naciones y sus poderes, intentan tapar por todos los medios cualquier huella de cristianismo autentico.

En la estructura de este salmo, vislumbramos tres segmentos temáticamente distintos, esto es la insurrección de los reyes y sus naciones (Sal: 2, 1-6); una determinación de adopción por parte de Dios (Sal: 2, 7-9); un consejo fundamental de Jehová a los reyes de la tierra, con el cual concluye este salmo (Sal: 2, 10-12). En la primera parte el salmista hace alusión a las palabras de los reyes de la tierra y las de Dios; Seguidamente en la parte segunda, habla el rey de Sión, que expone las palabras emitidas u acciones realizadas por Dios y su acción contra los rebeldes; en la tercera, recupera la palabra el salmista, lo podemos ver en una especial descripción que realiza respecto a la importancia que tenia en Israel, como en los pueblos vecinos, la entronización real, es decir, la propiedad del trono y el comienzo del reinado. Para cumplir con esta asunción uno de los principales elementos del rito era la unción con el óleo “sagrado” como señal de consagración. A través ella el rey se tornaba en el ungido del Señor, convertido en un “Mesías” gobernante y a través de este decreto de adopción, el rey estaba legitimado como hijo adoptado por el mismo Dios, como su representante legal en el pueblo escogido, (Sal: 2, 7). Se establecía una filiación entre el monarca y el mismo Creador, por lo cual se creía que sujetarse al rey era observar la voluntad Divina, que se desplegaba a través del gobernante y que toda insurrección en contra él, significaba sublevarse contra el mismo Dios altísimo que lo preservaba (Sal: 2, 2-3).

Por lo tanto el autor pronuncia a viva voz el asombro que le causa esa temeridad de los demás reyes en sublevarse contra el nuevo monarca y la frustración a que están sometidos estos reyes, no ungidos por Jehová, al querer revelarse contra el elegido de Dios.

En la parte final Jehová insiste en que todos los demás reyes deben ser prudentes, admitir las correcciones y el servicio a Dios con temor y tributar la honra al hijo de Dios, en este caso al rey ungido Israelita, el cual asume la filiación Divina, y manifiesta que son bienaventurados todos los que a el respetan como su legitimo representante.
Si bien esta parte de la historia de Israel reflejada en éste salmo segundo, trajo devastadoras consecuencias para la historia del pueblo, no es negligente decir que era la realidad que Dios tenía para ese, su pueblo elegido, el dirigir los pasos de la historia, hasta la llegada del verdadero Rey y Mesías, Jesucristo, quien fue y es el verdadero soberano de la creación.

Si bien como dije al principio, hoy las naciones parecen revivir este salmo en la historia actual donde se prodiga la destrucción o marginación de lo cristiano, de lo auténticamente revolucionario en la historia de la humanidad que es la encarnación, muerte y resurrección de Cristo, y que hoy más que nunca es necesario revitalizar este hecho histórico tan trascendental para la humanidad y su historia, el reinado soberano de Cristo; el negar el mismo y su realeza, es caer en el agujero negro de la historia sin Dios, que termina en un desenfreno de destrucción de lo auténticamente humano, lo trascendentalmente Divino y la esperanza del hombre de trascender más allá de la naturaleza corruptible .

Recuperar el reinado del Mesías, Jesucristo, es imperioso para mejorar esta sociedad que cada día más pierde esa brújula dorada que es la cercanía con el Creador.

Rev. José Luis Podestá