viernes, 19 de septiembre de 2008

El palurdismo religioso en una sociedad fragmentada.


No podemos evitar ver con asombro, la cantidad de movimientos eclesiales que aparecen día a día en nuestro territorio, lamentablemente no con las ganas de llevar la Palabra de Dios a los hombres y responder así a la gran comisión dada por el hombre de Nazareth, Jesucristo Hombre y Dios, si no , con el merito absoluto de saquear el rebaño de Dios, aprovechándose de las necesidades, a costa de milagrerios baratos, que en realidad son caros para la feligresía que osa entrar en sus rediles eclesiales.

Seudos ministros que promete curas milagrosas totalmente alejada de la verdad Bíblica, jugando con la desesperación de muchos, sobre todo los enfermos, que ante padecimientos terminales, buscan desesperadamente el milagro que los saque de tanto sufrimiento, estos palurdos en el ministerio, solo aprovechan a beneficiarse del dinero o bienes de las pobres victimas, que ante tanto dolor no dudan en dar lo que sea para lograr su curación o parar su sufrimiento de la forma que sea, incluso entregando lo esencial para su vida cotidiana, es desagraciado ver como seudos pastores, se aprovechan sin escrúpulos de las personas, teniendo nula consideración de la salud física o mental del prójimo que se les acerca en busca de consuelo.

Es horroroso ver como hay anuncios que promocionan cuadros sangrantes, curas milagrosas, imágenes que lloran y provocan curaciones prodigiosas, etc., rematando esos avisos con una frase identificatoria de la seriedad de esos ministros como “hay servicio de buffet, traer sillas”, parece sarcástico ,pero he podido yo mismo ver esos anuncios en donde prima el desquicio del ministro que juega a ser Dios, anunciándose como sanador y con su amuleto sanante que es un cuadro o una imagen que llora sangre, o también con el clásico slogan pare de sufrir, pero eso si , si entrega cien dólares parará su sufrimiento, si no parece que el remedio a la cura de sus dolores, no lo obtendrá.

Pero no nos debe sorprender, vivimos en un sociedad compleja, fragmentada , y eso se refleja en el concierto desafinado de denominaciones religiosas que carecen de seriedad, y que no tienen nada de cristiano, esto lamentablemente deja en situación incomoda a las iglesias que intentan con muchísimo esfuerzo predicar la Palabra de Dios, que con casi nulo o muy pocos recursos se sacrifican en todos los rincones de la Patria, a ellos va mi más fiel reconocimiento y apoyo en la oración, que son victimas de esa chusma palurda de predicadores electrónicos o salteadores del rebaño; que desaparecen tan rápido como llegan a los lugares, dejan el tendal y el desprestigio.

A raíz de esto, las iglesias fieles deben salir a reparar los daños provocados por estos vándalos de la fe.

Por eso es necesario recuperar el Cristianismo Bíblico, que septiembre no sea solo el mes al año en donde se conmemore a la Biblia como Palabra verdadera de Dios, si no que cada día sea el Día de la Biblia, solo con ella y ser fieles a su contenido, es como lograremos evangelizar a las personas, mostrándoles la verdad y no con milagros dignos del cine, y muy lejos de la verdad revelada.

Ruego a Dios que las iglesias vuelvan a recuperar el sentido bíblico y ofrecer al pueblo el agua que quita la sed y que sana de verdad, Jesucristo Nuestros Señor.

Rev. José Luis Podestá

lunes, 1 de septiembre de 2008

En el Nuevo Testamento se confiesa la autoridad de las Sagradas Escrituras hebreas.


Los escritos del Nuevo Testamento no se presentaron nunca como algo novedoso, si no como un complemento de la única revelación dada en dos instancias o momentos, de la historia del develamiento Divino. Nuestras verdades que son sólidamente arraigadas a lo largo de la experiencia religiosa del pueblo de Israel, prácticas acopiadas bajo diferentes formas en los escritos sagrados que constituyen las Escrituras Hebreas. El Nuevo Testamento le confiesa una autoridad divina, este reconocimiento de autoridad se expresa de muchas maneras, más o menos explícitas a lo largo de todo el periodo neo testamental en el cual da soporte a la verdad de la revelación contenida a lo largo y ancho del vetero testamento.
El reconocimiento de la autoridad del Antiguo Testamento por parte de los escritores neo testamentarios, empieza por lo menos de forma explícita, se observa en primer lugar la utilización del mismo lenguaje expresivo a pesar de las dos diferentes gramáticas, hebreas y griegas, no sólo por los giros gramaticales influenciados por el hebreo hacia el griego del Nuevo Testamento, sino además, por el vocabulario religioso utilizado para manifestar las pautas reveladoras.
Esta afinidad del lenguaje se desarrolla naturalmente en numerosas terminologías que el Nuevo Testamento toma prestadas de las del Antiguo Testamento e inclusive de diferentes escritos tradicionales hebreos como los demás escritos religiosos dando razón al fenómeno habitual de las reminiscencias y citas tácitas, es decir, locuciones íntegras incorporadas por el Nuevo Testamento. Las evocaciones se narran por centenares, pero su individualización se presta frecuentemente a discusión. Por ejemplo de dicho fenómeno, veamos que el Apocalipsis no incluye ninguna cita evidente de la “Biblia judía”, pero es un indiscutible lienzo de reminiscencias y menciones concretas que nos llevan indefectiblemente a las narraciones del Antiguo Testamento, en muchos casos asociado evidentemente con el libro de Daniel, el Génesis, entre otros tantos, el texto del Apocalipsis está tan empapado de Antiguo Testamento que resulta delicado distinguir lo que es alusión de lo que no lo es, demandando del exegeta bíblico, un conocimiento y trabajo enorme, que muy pocos pueden realizar con probada capacidad.
Lo que referimos del Apocalipsis se cumple también en categorías mínimas, pero con toda convicción, en los Evangelios, los Hechos y las Cartas, la divergencia está en que en estos escritos se hallan numerosas citaciones explícitas, es decir exhibidas como tales, indican claramente sus subordinaciones más substanciales y a su vez revelan el reconocimiento de la autoridad del Antiguo Testamento como revelación Divina. Observamos también algunas menciones ya en forma explícita sobre la autoridad de las Escrituras judías, este reconocimiento se toma de disímiles maneras según los casos, muchas veces lo observamos en un contexto de revelación plena, otras veces el sujeto es expresado de forma personal, de quien se señala que era inspirado, como los autores Bíblicos en el Antiguo Testamento o citando explícitamente los oráculos proféticos.
Mateo mantiene por ejemplo una fórmula compleja, que muestra al mismo tiempo el autor divino y el vocero humano " Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta” (MT. 1:22). Otras veces, la referencia del Señor sigue estando de forma implícita, apuntada sencillamente por la elección de la preposición, esto es, para así referirse solamente al mensajero humano.
En el texto del Evangelio de Mateo, el empleo del verbo “decir” sirve para presentar las citas del Antiguo Testamento, como palabra viva y actual, cuya autoridad es siempre existente. Con esto Mateo no denigra en ningún momento, como tampoco lo hicieron los demás escritores neo testamentarios, la verdad y autenticidad de los escritos del Antiguo Testamento, dando así la razón de su canon cerrado y sin agregados posteriores, como sucedió con la incorporación posteriormente con los deuterocanonicos o bien llamados apócrifos.

La fiabilidad y veracidad de las antiguas escrituras están aseveradas por el mismo Cristo cuando las cita permanentemente y por los mismos escritores del nuevo Testamento, utilizando diferentes palabras o frases como " Pues dice”, “así está escrito" “porque está escrito", " según está escrito ", estas expresiones muy fuertes para la ratificación de la verdad de lo citado en la Biblia Hebrea, son muy usuales en el Neo Testamento. Sólo en la carta a los Romanos, Pablo menciona unas diecisiete veces en esa carta, para manifestar la verdad de la revelación dada en el antiguo y la revelación plena otorgada a través del pueblo hebreo a los cristianos, dando las firmes bases de la verdad y autenticidad de la revelación dada en Cristo Jesús. Es así que en sus razonamientos doctrinales, el apóstol de los gentiles, se afirma constantemente en las Escrituras del pueblo de sus orígenes. Pablo instaura una neta distinción entre la pruebas escriturísticas y los juicios del hombre que son argumentos escritursitcos, que atribuyen valor irrefutable, para él, y las escrituras hebraicas tiene a la par un valor perpetuamente actual para conducir la vida moral de los cristianos.
La necesidad del cumplimiento de las Escrituras Sagradas, Antiguo Testamento, se ve también a través del enunciado tremendamente tajante de Jesucristo que dirige a sus discípulos una vez resucitado con las palabras que expresa el Evangelio de Lucas " Estas son las palabras que os dije cuando todavía estaba con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, los Profetas y los Salmos acerca de mí " (LC. 2,44). Esta afirmación revela el cimiento de la necesidad del misterio pascual de Jesús, necesidad expuesta en cuantiosos pasajes de los cuatro Evangelios, " es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho y a los tres días resucite " o en " ¿Cómo entonces se cumplirían las Escrituras, que dicen que es necesario que eso ocurra?” (Mt. 26:54); también lo vemos en (LC.22:37)" Es necesario que esta palabra de la Escritura se cumpla en mí”.
En el misterio de Cristo todo es acorde a las Escrituras del pueblo judío, la predicación cristiana primitiva se sintetizaba en el anuncio kerigmático recogido por el mismo Pablo, " Os transmití en primer lugar lo que yo mismo había recibido: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras y se apareció " (1 Cor. 15:3- 5).
Pablo amplía “así pues, tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído “(1 Cor. 15:11), la fe cristiana no se fundamenta sólo en sucesos, sino en el beneplácito que da a esos acontecimientos de la revelación contenida en las Escrituras del pueblo judío. Y Todo esto solo sirve para afirmar la gran revelación otorgada a los hebreos en su historia, que no supo en muchos casos entenderla por su dureza de corazón, por eso es bueno ver en Hecho 13:27, cuando Lucas expresa lo siguiente “Los habitantes de Jerusalén y sus jefes no le reconocieron y, al condenarlo, cumplieron las Escrituras de los Profetas que se leen cada sábado”, a través de esta visión, por esta afirmación, el Nuevo Testamento se señala como un vinculo indisoluble a las Escrituras del pueblo Hebreo.
En el Evangelio según Mateo, Jesús pregona una perfecta continuación entre la Torá y la fe cristiana, “No creáis que he venido a abrogar la Ley o los Profetas; no he venido a abrogarla, sino a cumplirla” (Mt 5,17). Esta enunciación teológica es propia de Mateo, está en tensión con la relativización de la obediencia del sábado y de la integridad ritual que hallamos en otras palabras del Señor Jesús.
También vemos en el cuarto Evangelio una expresión en perspectiva análoga, aquí Jesús imputa a los escritos de Moisés una autoridad previa a sus propias palabras, cuando dice a sus contendientes, “Si no creéis en sus escritos, ¿cómo creeréis en mis palabras?” (Jn. 5:47). Jesús afirma que sus palabras “son espíritu y son vida” (Jn. 6:63), esta expresión da a la Torá una importancia fundamental.
También vemos en los Hechos de los Apóstoles los discursos kerigmáticos de los regentes de la Iglesia primitiva, Pedro, Felipe, Santiago, Pablo y Bernabé, ubican los sucesos de la Pasión, la Resurrección, de Pentecostés y del comienzo misionero de la Iglesia naciente en perfecta prolongación con las Escrituras del pueblo Judío.

También en las epístolas Paulinas, Gálatas y Romanos, arguye a partir de la Ley para señalar que la fe en Cristo ha puesto fin al régimen de la Ley, aclara que la Ley como revelación ha comunicado su propio fin como institución necesaria para la salvación, el apóstol de los gentiles alega, que la revelación de la justicia de Dios es la justificación ofrecida por la fe en Cristo, se ha realizado independiente de la Ley pero no obstante, acorde al testimonio de la Ley y los Profetas, de modo similar la Carta a los Hebreos evidencia cómo el misterio de Cristo consuma las profecías dadas en las Escrituras Sagradas del pueblo judío, pero admite al mismo tiempo un aspecto de no conformidad a los establecimientos legales antiguos, según los oráculos, ya que la condición de Cristo glorificado es, no conforme al sacerdocio levítico descrito en pasajes del Antiguo Testamento, si no de un sacerdocio especial y único.
Por lo tanto, la afirmación constante, sigue siendo la misma, que los escritos y sus autores, del Nuevo Testamento, dan la razón de que las Escrituras del pueblo Hebreo, poseen un valor inquebrantable y perenne de revelación divina, es así que sitúa en una correspondencia efectiva respecto a ellas, al entenderlas y aceptarlas como la plataforma sobre la cual se apoyan los escritos neo testamentarios y en consecuencia la Iglesia apostólica y su continuidad, ha sostenido continuamente que las Escrituras del pueblo judío son parte constituyente de la Biblia cristiana.

Rev. Jose Luis Podesta

viernes, 22 de agosto de 2008

Lumbrera de Ginebra para le mundo de hoy.



Lumbrera de la reforma y de la Iglesia toda, con gran influencia en todo mundo, así es elogiado con mucha razón Juan Calvino, el cual es objeto de especiales celebraciones en el año 2009, en que se cumple el V centenario de su nacimiento.
En el clima del renovado entusiasmo suscitado por este quinto centenario, se han hecho investigaciones, se han publicado trabajos, se organizan festejos y se han tenido reuniones en muchas universidades y centros de estudios superiores como así también en seminarios y diferentes organizaciones que siguen los principios bíblicos de la reforma, en especial del gran teólogo de Ginebra.
Hoy a raíz de la festividad que se acerca, les animamos a continuar a todos los pastores y miembros de las iglesias presbiterianas, reformadas, la noble tarea y al mismo tiempo, exhortamos a todos los fieles y a los ministros a contribuir en sus comunidades con diferentes ideas para llevar en algo el pensamiento del reformador y demostrar el vigor que nuestras iglesias continúan teniendo a través del tiempo, para reconocer en él que es el guía autorizado para una sana interpretación de los principios teológicos expresados en cada página de las Santas Escrituras; en efecto, existen muchos indicios que nos permitieron exponer sin temor a equivocaciones, que de su doctrina hoy interesa e influye también en los hombres de nuestro tiempo en todo el desarrollo de la fe y vida. Poniendo de relieve numerosos elementos de la doctrina del gigante de Ginebra, que tiene mucha categoría en orden a la garantía e investigación de la verdad revelada dada en la Biblia; por este motivo lo recomendamos a nuestros contemporáneos, cosa que ha hecho y sigue haciendo la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa, como maestro en el arte de pensar como guía para conciliar los problemas teológicos y para plantear fielmente el saber en general.
Así, pues, queremos manifestar abiertamente nuestra conformidad con los que sostienen que, aun quinientos años después de su nacimiento, Juan Calvino debe ser celebrado no sólo como excelso pensador y doctor del pasado, sino también por la vigencia de sus principios, de su desarrollo doctrinal fiel a la Biblia; y deseamos exaltar al mismo tiempo las razones de la autoridad que le reconocen muchos teólogos hoy y las instituciones educativas de las Iglesias reformadas, y especialmente muchísimos predecesores nuestros en el pastorado, que no dudaron en otorgarle el más alto honor entre los teólogos de los últimos siglos.
Confesamos que al confirmar y reavivar una personalidad tan brillante como en algunos casos tan polémica, nos mueve sólo el respeto a la autoridad de su pensamiento , de sus logros y virtudes, como así también de aprender de los errores que en su tiempo pudiera haber cometidos, todo hombre es hijo de su época, y el gran teólogo de Ginebra, no estuvo exento de las circunstancias que lo rodearon, por eso juzgarlo con nuestra visión del siglo XXI, seria mas que un latrocinio histórico y sobre todo una falta de respeto a este gran hombre.
También es buena la consideración objetiva de la validez de su doctrina, el fruto que se obtiene estudiando y consultando sus obras, como sabemos por propia experiencia, y la comprobación del poder persuasivo y formativo que ejerce en sus discípulos, sobre todo en los jóvenes, como pudimos observar a través de los años.
Saber que hoy día no todos están de acuerdo con sus principios, pero no se nos oculta que muchas veces el recelo o aversión que se siente hacia Calvino deriva de un contacto superficial y desconocimiento de su doctrina, más aún, del hecho de que no se leen ni se estudian sus obras. Por eso, también nosotros exhortamos a todos los que deseen formarse un criterio maduro acerca de la postura que hay que adoptar en esta materia, es el ir a las Fuentes, o sea a sus obras, y sacar con Biblia en mano las consideraciones que el gran Doctor de la reforma tan acertadamente logró congeniar con su brillante pensamiento sistemático, por lo tanto quisiera exhortarlos a ¡ir a Calvino! Buscar y leer las obras de Calvino, no sólo para encontrar alimento espiritual seguro en aquellos opulentos tesoros de sus escritos, sino también y ante todo, para darnos cuenta personalmente de la inconmensurable hondura, riqueza e importancia de la doctrina que contienen sus obras y sobre todo la fidelidad a la verdad revelada.
Para formarse hoy en día un juicio fiel del valor perdurable del pensamiento de Juan Calvino en la Iglesia y en el mundo de la cultura, no basta conocer de modo directo y completo sus textos, si bien es necesario, pero es preciso también tener en cuenta el contexto histórico y cultural en que vivió y llevó a cabo su obra de maestro, pastor y escritor, para sacarle el “jugo” a todo su pensamiento, expresión doctrinal extremadamente fiel a la Biblia.
No podemos negar que también desde el punto de vista sociopolítico, son conocidas las vicisitudes que transformaron completamente la fisonomía de Europa y la influencia en las demás naciones fuera del viejo continente, la victoria de los estados en busca de su soberanía sobre la antigua dominación del imperio medieval, bajo la égida del catolicismo Romano, encaminado ya al ocaso; el desarrollo económico de las ciudades más industriales y el florecimiento cultural de las grandes universidades, la amplia difusión de los descubrimientos científicos y de las elucubraciones filosóficas típicas del periodo renacentista y finalmente las nuevas relaciones con diferentes naciones con el auge del movimiento protestante, marcaron toda una diferencia en el mapa político e indefectiblemente influyo en el desarrollo de la doctrina reformada, aportando grandes hombres en el campo de la teología, con gran y renovado ímpetu para transformar una iglesia corrompida y decadente como era en su momento la iglesia católica romana.
Así también apreciamos todo el desarrollo del pensamiento Calvinista en todos los estamentos de la economía, la educación, el trabajo, la familia, etc., que provocó un desarrollo constante en donde dichas ideas ingresaron con tan abundantes frutos, a veces alguno mal interpretaron el pensamiento del hombre de Ginebra, y distorsionaron su mensaje esencial, que es sostenido por las Santas Escrituras, en síntesis Calvino no quería expresar ningún pensamiento nuevo, solo su deseo más entrañable fue el recuperar la pureza de la doctrina Bíblica, que el con tanto empeño logró, por eso para evitar errores de muchos que nos llamamos Calvinistas es interesante que nos sumerjamos en el mar de las Escrituras y en las aguas tranquilas del pensamiento del gran Doctor de la reforma, Juan Calvino, para si prepáranos para el gran jubileo que se avecina.
Rev. José Luis Podestá

sábado, 16 de agosto de 2008

Profetas para el siglo XXI




En este siglo XXI, nos encontramos con diferentes conceptos sobre que es el profetismo o las misión del profeta, lamentablemente, también comprobamos las falencias que tienen muchos pastores sobre esa función, algunos pensando que solo es un arte de adivinación o casi de curanderos mágicos sobre las personas, otros mas o menos acertados todavía mantienen la deficiencia del concepto del ministerio profético; hay otros, los menos, que tienen claridad sobre lo que implica ser profeta en el 2.008.

Primeramente se debe tener como única fuente del ministerio profético las Santas Escrituras, Palabra revelada de Dios a los hombres, y no salirse de ella, para imponer o exponer terminologías, o conceptos e ideas propias fuera de las Escrituras, esto no es solo pronosticar acontecimientos, tipo horóscopo, o videntes de poca monta, si no es nada más y nada menos que anunciar y denunciar, esto significa que dentro de nuestro ministerio pastoral debemos comunicar constantemente la Palabra de Dios, expresada de principio a fin en la Biblia, y denunciar en privado y públicamente todo lo que atente contra la misma verdad de las Escrituras, no podemos callar lo que hemos recibido de Dios y no podemos tolerar las aberraciones que se realicen contra la creación del altísimo y su autenticidad, sobre todo contra la vida de los seres humanos mas débiles y los que sufren la exclusión o la persecución de cualquier índole que atente contra su fe, contra su vida, entre ellos podemos mencionar los niños por nacer, frutos de un acoso constante basados en seudos derechos a decidir, de los marginados por diferentes cuestiones políticas o de índole racial o social, etc.
Por lo tanto, el ministerio profético, en su dimensión más profunda, implica que toda vocación pastoral, profética, es un gran misterio, es una gracia que supera enormemente al hombre, cada uno de nosotros lo experimenta públicamente durante toda la vida y en especial durante su ministerio con las personas que se acercan y nos rodean asiduamente, ante la grandeza de este don, apreciamos cuan indignos somos de ello y nos damos cuenta al mismo tiempo de la enormidad de la elección de Dios para cumplir su obra y nosotros indignos siervos suyos, frágiles, limitados, y en muchas ocasiones indoctos, somos por su gracia inefable, llevados a este mar embravecido que es el mundo que nos toca transitar para llevar su palabra y ser sus profetas en el siglo XXI.
La vocación es el misterio de elección divina, no de nosotros, indignos, y pecadores, si no de Él, "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca" (Jn. 15: 16). "Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón'' (H.b 5: 4). "Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí" (Jr. 1: 5). Estas palabras inspiradas sacuden hondamente toda alma del ministro del Evangelio, del predicador de Dios.
Por eso, cuando en las más disímiles circunstancias damos testimonio del mismo Dios Uno y Trino, debemos hacerlo con gran humildad, con orgullo, ya que no somos dignos de ellos, si no que solamente por su gracia, ejercemos el ministerio profético, ser conscientes de que Dios "nos ha llamado con una vocación santa, no por nuestras obras, sino por su propia determinación y por su gracia" (2 Tim 1: 9). Al mismo tiempo, nos damos cuenta de que las voces humanas no son competentes de abarcar la dimensión del misterio que el pastorado en nombre de Jesucristo tiene en sí mismo.
Esta señal, me parece necesaria para que se pueda entender de modo justo lo que es en realidad el camino del “Profeta” en el siglo XXI, y el ministerio pastoral imbuido en el mismo. EL verdadero profetismo es un jugarse día a día por Dios, por la verdad, por la justicia, por llevar el mensaje del Divino Creador a todas partes, a tiempo y a destiempo, sabemos que combatimos día a día con adversarios y las conflictividades de nuestro tiempo, e incluso con nuestras preocupaciones cotidianas, que en muchos casos nos desaniman y nos tiran por tierra muchos proyectos, pero sabemos que no depende de nosotros lo que hagamos o los logros obtenidos, si no solo de Dios, el es soberano, el es nuestros Rey , quien nos dirige constantemente para llevar su Palabra, porque con el somos mas que vencedores en este mundo fragmentado, humillado y casi en una sociedad que se vive el desprecio, la ignominia, la falta de respeto y cordura necesaria para la convivencia, el crimen, la marginación, la exclusión, la persecución, la intolerancia, la humillación de lo sagrado, la destrucción de la vida, el pecado en plano de igualdad con la honestidad por parte de los medios públicos de comunicación, la política y la corrupción en todos los niveles, la seguridad mancillada, etc. Son parte del grito que debe alzar toda la obra pastoral del profeta de Dios que debe en humildad y fortaleza hacerse presente con el mensaje del Altísimo en este mundo frenético rumbo a un choque destructivo consigo mismo.
Por lo tanto, la misión profética no es adivinar o decir el “Señor me dijo” o el “Señor me reveló” etc., como muchos tele evangelistas, de escaso nivel teológico, salen como curanderos o magos al mejor estilo del señor de los anillos, o de patéticas representaciones de los profetas del Antiguo Testamento. Si no, es hacer presente con la voz la verdad de la Palabra revelada de Dios que se da en la Biblia de punta a punta, y denunciar con fuerza y caridad, todo lo que denigre la voluntad Divina, esa es hoy la función del profeta, del pastor, del ministro de Dios, no el agregar nuevas mágicas revelaciones, si no de llevar adelanta la ya dada hace muchos miles de años desde el Génesis al Apocalipsis.
Rev. José Luis Podestá

domingo, 3 de agosto de 2008

ANIVERSARIO DE ORDENACION PRESBITERAL




EL 3 DE AGOSTO DE CUMPLE EL SEGUNDO ANIVERSARIO DE LA ORDENACION PRESBITERAL DE JOSÉ LUIS PODESTÁ.

jueves, 31 de julio de 2008

Espiritualidad conyugal y reflejo en el barrio.


El tema de la espiritualidad conyugal es indicado observarla de variadas perspectivas, algunos parten enfocando la espiritualidad desde el punto de vista de los medios; otros, parten de la espiritualidad como fenómeno global. El enfoque que voy a ofrecer aquí es desde la visión cristiana, especialmente bíblica y como desde esta perspectiva afecta y se desarrolla en el barrio.
Puedo decir que la espiritualidad es "la ciencia, primeramente, de las reacciones de la conciencia religiosa ante el objeto de la fe, lo cual constituye el aspecto intelectual, y, en segundo lugar, la ciencia de los actos humanos que tienen una referencia especial a Dios”
Al emplear esta enunciación en el contexto cristiano bíblico, podemos decir que es "la aplicación del Evangelio a la vida del cristiano”.
Esto quiere decir que el Evangelio con todo lo que lo representa, que es la Palabra de Dios revelada y enviada al hombre para ser norma de vida, ésta Palabra concede al hombre la “sabiduría” de Dios, le muestra el camino para llegar a Él y los medios para lograr la salvación que Jesús nos obtuvo por la redención, esto es la Fe en Cristo, único mediador entre Dios y los hombres. El colofón del mensaje evangélico es concebir que el hombre asimile en su vida el plan Divino y mediante su realización obtener la unión final del individuo con Dios, es decir, los que vulgarmente se llama la santidad. El hombre está marcado por una predestinación, ser hijo de Dios y vivir como tal, en esta tierra.
Por lo tanto la familia, en especial la pareja, debe reflejar y desarrollar una tarea evangelizadora en su entorno, sea mediante actividades visibles al resto de la comunidad o ya sea en forma interna en donde se refleje el amor de Dios en sus vidas.
El punto de partida de este proceso de manifestación pública de nuestra espiritualidad cristiana y concretamente la reformada, es la predicación de la Palabra y el testimonio de vida, la integridad del mensaje evangélico. La propiedad del lenguaje que se emplee para hacerlo es importante y a su vez llegar a las personas en lo hondo de sus vidas a través de nuestro testimonio, además como factor que contribuye a especificar la espiritualidad de cada uno de los miembros de la pareja.
La causa ejemplar que el Evangelio plantea a todo ser humano es Cristo, Señor y Maestro. El Evangelio no se puede reducir a una doctrina, ni a una ideología. El Evangelio reclama una adhesión personal a Cristo, es una fe concreta en el Resucitado, de absoluto testimonio y entrega. La espiritualidad cristiana no es la búsqueda de una perfección al estilo de los estoicos o del monacato medieval. La gracia no es fruto de la acción humana, proviene de Cristo como el agua de la fuente.
Por lo tanto como matrimonio se debe testimoniar la fuente que es el Evangelio y esa agua viva que brota de la misma que es Cristo, causa eficiente de nuestra salvación.

Rev. José Luis Podestá

jueves, 10 de julio de 2008

Lectura bíblica e identidad cristiana, para un cambio personal y social.


Los libros canónicos del Antiguo y del Nuevo Testamento, dirigen a sus lectores más allá de sus páginas, a los sucesos excelsos de la intervención Divina a lo largo de la historia de la humanidad, que narran los eventos reales de un pasado, de una historia sagrada, al mismo tiempo tienen poder hoy de hacer reflexionar a quienes se abren a su mensaje mediante la sana interpretación de sus pasajes.
Por ejemplo, en la carta a los Romanos, es un texto que factiblemente carezca de competidor entre los textos del Nuevo Testamento. Su capacidad para originar nuevas perspectivas, se ha señalado reiteradamente en momentos decisivos de la experiencia de los cristianos, como lo observamos en Agustín, que acudió a ella en el año 390 d.c., para encontrar una respuesta exegéticamente verdadera al inconveniente presentado por el determinismo maniqueo, que señalara la realidad de la voluntad humana, aunque le fuera dificultoso alcanzar el equilibrio entre el libre albedrío y la gracia divina.
También en los inicios del siglo XVI, Martín Lutero, afligido por la penuria de descubrir un fundamento para una fe indudable en la salvación, que no brindaban las creencias y las prácticas del catolicismo medieval, halló en Romanos la fundamental idea de la justificación por la fe .
Lutero estaba encantado por esta carta del apóstol de los gentiles, que consideraba su fuente de reflexión y guía. También lo fue para otros grandes reformadores como le sucedió a Juan Calvino, que supo poner excelentemente por escrito en sus comentario a los Romanos, en donde sagazmente realiza una interpretación magistral de cada punto y significado, que solo el genio de Ginebra puedo realizar con total claridad y actualidad. Cuatro siglos posteriores a estos “padres” de la reforma, Karl Barth, observando globalmente un mundo despedazado por la Primera Guerra Mundial, publicó la primera edición de su exposición a los Romanos en 1.919; en este comentario acometió con la noción del sujeto como creador de cultura y de la historia y a su vez como la religión había proporcionado a la cultura burguesa un soporte ideológico capital, planteando la imagen de un Dios que existe completa y enteramente en sí mismo, previamente de todo conocimiento que se posea sobre él y que vigila al mundo castigándolo. Una segunda edición aparecería en 1.922,en réplica a quienes les expresaban que se oponía a la crítica histórica, Barth reprochaba los infecundos preludios que se pasaban como si fueran una gran exégesis de Pablo y reclamaba la necesidad de una auténtica comprensión e interpretación, que proporcionara la energía creadora que caracterizaba la mejor interpretación de Pablo. Es lógico que al final de su teología Barth cometiera varios errores de interpretación, que en muchos casos socavaron la verdad de las Escrituras.
No obstante, la lejanía cultural –histórica, que se halla entre un texto bíblico y cada generación de lectores, no es cierto, que éstos se vean impedidos para comprender lo que se anunció originalmente en ese texto, ya que todo lector amateur puede comprender por más mínimo que sea el significado del mensaje, algunos con el fin de impedir la llegada de la Biblia al pueblo, elaboró lúgubres argumentos que desechan la capacidad de los ciudadanos simples y llanos, en la lectura de la verdad bíblica. No existe en principio ninguna incompatibilidad entre la situación narrada en esa carta y la que experimentamos con la lectura de los demás textos bíblicos, a la luz de la situación actual que tiene su parecidos y sus divergencias, pero es el mensaje altamente revelador para las circunstancias que nos aquejan hoy.
Por esta razón, leer un texto bíblico de un modo que haga justicia a su trama histórica y que al mismo tiempo nos siga hablando a los lectores hoy que vivimos en otros contextos culturales y que a través de ella encontremos las respuestas a nuestras situaciones de vida, es por un solo motivo, que la Biblia es palabra verdadera de Dios, y que solo por su excelencia a través de los siglos, es posible tanta coherencia. Para interpretar los acontecimientos expuestos en la Biblia, debemos tener todo un ejercicio de información intercultural que solo con una buena predisposición y con ganas como cristianos, logremos para nuestro beneficio y de la sociedad.

Rev. José Luis Podestá