lunes, 18 de febrero de 2008

El liberalismo religioso un lobo con piel de cordero.


En este siglo XXI, vemos con amargura el avance cada vez más fuerte y descontrolado del liberalismo en el ámbito de las iglesias, pero lo peor es que ni siquiera hoy es el liberalismo de principio del siglo XX, al menos ese era un liberalismo intelectual, pegado tan a la razón que perdía de vista los principios de la Palabra revelada de Dios.

Hoy con estupor vemos un liberalismo mediocre, plagado de incoherencias dogmáticas y si queremos agregar también factores bufonescos, en donde el milagrero esta a la orden del día, o las visiones o profecías, anunciando vaya a saber que mensaje apocalíptico. Pero lo peor de esto es que está llevado adelante por gente con muy escasa formación en el estudio de la Biblia y la teología.

Lo preocupante es que ahora los enemigos de las Iglesias no están únicamente en el exterior de la misma, sino también en su interior, de forma oculta o no tanto. Lo vemos en diferentes ámbitos como en seminarios Teológicos con profesores modernistas, que quieren adaptarse al “mundo moderno”, con el rechazo de nuestro Señor y la apostasía de los valores de la reforma, claro esta, en forma encubierta algunos con diferentes técnicas de educación, generalmente careciendo de una sólida formación intelectual en el campo de la teología, y bajo excusas de revisionismos históricos teológicos, o de bajar la “fe” al pueblo, o encerrados en conventículos distorsionan el mensaje del Evangelio convirtiéndose en teólogos populistas, dando por sepultada a la fe Bíblica.

Otros ya son de pública fama, aderezando el Evangelios con insondables formas de herejías, en donde se entierra prácticamente la verdad de Cristo.

Hoy podemos observar en el 99% de las iglesias como brotan profetas, visionarios, ungidos, etc., que solo promueven una sola misión, destruir la fe y llenar sus billeteras con la desesperación e ignorancia de la gente.

En esta Cuaresma que nos señala el camino a la pascua, no dejemos ser invadidos por las malas doctrinas, y la falta de seriedad de sus predicadores. Por eso los que pretendemos que Jesucristo, Hijo de Dios y Redentor, rija no sólo sobre el individuo, sino también las familias, las naciones y sobre la sociedad entera; éste es el tema que nos une especialmente a los que creemos en la infalibilidad de las Escrituras como “Verbum Dei” , sin magisterios obsecuentes alejados de la verdad; porque Jesús como Rey, no tiene enemigo más espantoso, por su perfidia y su influjo, que el liberalismo teológico moderno de este siglo veintiuno.

Rev. José Luis Podestá

lunes, 11 de febrero de 2008

Comentario sobre Mt.25:31-46

Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria.
Y serán reunidas delante de él todas las naciones; y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.
Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que estarán a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí.
Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿O sediento, y te dimos de beber?
¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿O desnudo, y te cubrimos?
¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?
Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis.
Entonces dirá también a los que estarán a la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles; porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.
Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o huésped, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?
Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, tampoco a mí lo hicisteis.
E irán éstos al tormento eterno, y los justos a la vida eterna.

La lectura de esta porción del Evangelio según Mateo, introduce como será el juicio final. Estos versículos tiene que ponernos en alerta a los cristianos, y sobre todo a los ministros del Señor, porqué no solo debemos conformarnos con predicar en un pulpito a una congregación atenta y conocida, donde en algunos casos solo recibiremos generalmente palabras de estimulo o comentarios favorables, y así quedamos sujetos a nuestra comodidad de predicadores a una audiencia complaciente sin que nos cuestione demasiado.
Hoy un pastor no puede quedarse encerrado en cuatro paredes como un maestro de escuela enseñando a unos alumnos aplicados y dóciles, debemos poner manos a la obra en llevar el mensaje de Jesús, y sobre todo obrar conforme al regalo de la fe que Dios nos dio, hacer de nuestra fe una plataforma para obrar conforme a las Escrituras, y así en ocasiones que nos demanden realizar las obras de misericordia que nos demanda la Palabra de Dios.
El místico Español Juan de la Cruz, en uno de los escritos apuntaba la siguiente frase “A la tarde te examinarán en el amor. Aprende a amar a Dios como Dios quiere ser amado y deja tu propia condición”, esta máxima nos demanda que no miremos para otro lado cuando los hijos de Dios sufren todo tipo de necesidades.
Al terminar el culto es bueno que nos cuestionemos ¿que hacemos mientras otros hermanos nuestros sufren el desamparo, el hambre, el encarcelamiento injusto, la exclusión, la persecución, e incluso la agonía física, sin que alguien les predique o les asista?. Recordemos que Cristo nos eligió para ser su luz, como dice el Evangelio, en el día final separará a los cabritos de las ovejas, y lo que fue preparado antes de todos los tiempos nos otorgará.
Esta es una clara exposición escritural de la predestinación de todos los hombres, algunos para la gloria, otros para la condenación, no obstante al saber que fuimos llamado para estar con Cristo en su Reino, con más razón debemos ser diligente con nuestras obligaciones como hijos del Altísimo, y poner todos nuestros recursos al servicio del Evangelio y extender el mensaje de salvación apoyando las obras misioneras y de las comunidades que predican la sana doctrina, como así las obras de caridad de estas.
Debemos pues ser exigentes en nuestras iglesias con la caridad cristiana, como lo demanda Dios, el socorrer al careciente en las diferentes necesidades, sean físicas, materiales, espirituales, etc., es socorrer al mismo Cristo, el prójimo, es nuestro próximo y más si es de la misma fe que practicamos; recordemos que Jesús nos pedirá cuenta de nuestra negligencia. Tengamos presente siempre las palabras de Jesucristo “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis.” (Mt 25:40)”.
No perdamos de vista que Jesucristo ha de venir, para juzgar a vivos y muertos, para suministrar a cada uno según sus obras, según el don y la fe que se les regalo, al que mucho se le dio, mucho se le exigirá, a los réprobos que son los predestinados al infierno con el diablo al castigo eterno, y a los llamados, los justificados por la sangre del Hijo de Dios, irán con el mismo Cristo a la gloria eterna.
Que el Señor nos encuentre con las manos llenas trabajando en su viña, asistiendo a los hermanos en la caridad como si fueran el mismo Cristo.
En este tiempo de cuaresma tiene que servirnos para emprender las obras de fe que Cristo nos pide, nos exige a cada uno de nosotros, ministros y congregantes, a todos nos dio dones, pongámoslo al servicio de nuestros hermanos, para escuchar en el día del juicio final, “Vengan Benditos de mi Padre”.
Rev. José Luis Podestá

sábado, 9 de febrero de 2008

Cuaresma Tiempo de Reflexión


Comienza el tiempo de cuaresma, son estos cuarenta días que preceden a la Pascua, es un buen periodo para reflexionar sobre nuestra relación con Dios. Cada jornada que transcurrimos tiene que servirnos para unirnos más a la voluntad de Dios y acercarnos a su misterio, ¿como? Pues estudiando diligentemente las Escrituras, allí encontraremos los nutrientes que alimentaran nuestra vida de fe, es la tarea en este tiempo, y así mejorar cada día la relación con el Creador, es buscar esas “manchas” que tenemos para “limpiarlas” con el estudio asiduo de la Palabra de Dios.

Sabemos que somos sus hijos y que la misericordia de Él brilla sobre nosotros, pero también su justicia, es pues loable estar atentos y presto a ejercer su voluntada, siempre debemos trabajar para mejorar la relación de “conversión” hacia Él, diremos en nuestro interior y a otros que ya estamos convertidos, pero me quiero referir a esa conversión diaria, a ese espacio que nos proponemos, con su gracia, de mejorar, de lograr hacernos uno con Él. Es propicio este lapso de tiempo meditar en los errores cotidianos, en la falta de fe en momentos que fuimos probados como oro en el fuego, para esto debemos conseguir visualizar lo que fue el misterio de la encarnación cuando muchos festejamos la natividad del Señor, así hoy caminamos rumbo a otro acontecimiento trascendente como es la pasión de Jesucristo, su muerte y resurrección, punto central de la fe de todo Cristiano, es ver a ese Cristo humillado, torturado y asesinado, resucitar con gran esplendor y Gloria.

Comprender parte de éste misterio de amor del Padre, que otorgó a su único Hijos para redimir a los hombres del pecado, tiene que llamarnos a reflexión, sobre actitudes, gestos, hacia los demás y sobre todo el compromiso al cual fuimos llamados por la misma majestad Divina, el ser sal y luz del mundo, el ser heraldos del Evangelio, no solo en pulpitos, si no también en la vida diaria.

Este ciclo cuaresmal se presta para adquirir la fuerza necesaria para ser testigos del resucitado, limpiar los rincones de nuestro corazón en donde todavía se vislumbra elementos que nos provocan duda y conflictos, sobre todo el desanimo cuando tenemos que dar testimonio de Cristo y vemos que los frutos parecen no desarrollarse como lo esperamos, no es fácil, pero con la gracia de Dios todo se puede y recordando que somos meros obreros, Dios es el que hace crecer y da los frutos según su soberanía.

Tenemos que saber que vivimos en un mundo secularizado en todos sus estamentos y de gran confusión religiosa, muchos en este tiempo de cuaresma solo lo tienen como forma de variar su dieta alimenticia o mostrar cierta piedad exterior para ser vistos como personas religiosas, pero nada más lejos están del verdadero proceso y sentido de la cuaresma.

Ésta etapa para los reformados, es un camino preparatorio a la gran fiesta de la Resurrección de Jesús, quien derrotó a la muerte y nos conduce a su Reino, no es necesario entonces realizar “circos visuales” para expresar nuestro camino a la denominada Semana Santa y al domingo de Pascua, solo y la mejor forma es un estudio de la Biblia, en especial del Nuevo Testamento y comprender que Cristo vino por nosotros y no podemos sin su gracia hacer nada. Por eso evitemos misticismos extremos que solo son medios faranduleros de un cristianismo light apresado por el ritualismo vacío; que solo duran un tiempo corto y se regresa al mismo lodo de pecado sin ningún beneficio.

Hagamos planes en este comienzo del tiempo de Cuaresma de allegarnos más al Señor.

Sigamos la recomendación que Pablo nos da en 2 Cor. 5: 20-21,6:1 “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios.”

Que este tiempo que nos conduce a la Pascua de resurrección, de nuestro Salvador y único mediador entre Dios y los hombres, sea propicio para sumergirnos en una relación más sincera con Él y dar testimonio fehaciente de la misma al mundo.

Rev. José Luis Podestá

martes, 29 de enero de 2008

EL RINCÓN DEL ARTE:



Pintor: Giorgio de Chirico (Volos, Grecia; 10 de julio de 1888 – Roma; 20 de noviembre de 1978)

Obra: Musas inquietantes.
Óleo sobre tela 1916


Entorno del artista:
Aunque sus padres eran italianos, Giorgio De Chirico nació en Grecia, en la ciudad de Volos. Entre Volos y Atenas transcurrieron sus primeros dieciséis años, edad a la que, tras la muerte del padre, vuelve con su familia a Italia. Precisamente en Atenas nació en 1891 su hermano menor, Andrea, que también llegaría a ser un importante pintor, conocido por el seudónimo de Alberto Savinio. Los De Chirico eran una familia culta; el padre, un ingeniero ferroviario de origen siciliano casado con una noble genovesa, nunca se opuso a la vocación artística de sus hijos, sino que la alentó, como lo haría su viuda a partir de 1905.
Su obra:
Las musas se encuentran recordadas contra el fondo del castillo de Ferrara. El rojo del castillo sobresale sobre el verde del cielo denso. El plano de la plaza esta puesto en perspectiva por simples diagonales en fuga, terminando abruptamente contra el castillo como si fuese una tarima sobreelevada.
A la derecha se encuentra una gran zona de oscuridad creando un recorte geométrico de la imagen. Las sombras proyectadas de los objetos crean superficies oscuras delimitadas por diagonales.
Las musas son de colores claros como los de las estatuas de la antigüedad y reciben el sol plenamente. Sus cuerpos son matronas pero sus cabezas son adminículos de deportes o trozos de maniquíes. Los pliegues de los vestidos son como los acanalados de las columnas con grandes contraste de luz y sombra, los dos cuerpos están enfrentados dando sensación de que están conversando.
En primer plano se encuentran volumen geométricos abstractos, como un ovalo en forma de máscara y dos cubos, completan esta paisaje onírico e inquietante.
Julieta Aguirre

lunes, 28 de enero de 2008

MEDITANDO LA PALABRA



Texto del Evangelio (Lc 10,38-42): En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada».

Hoy notamos a un Jesús tan divino como humano, está agotado del viaje y se deja acoger por esta familia amiga, en Betania. Aprovechará la ocasión para hacernos saber qué es “lo más substancial”.
En la actitud de estas dos hermanas se acostumbra a ver reflejadas dos maneras de vivir la misión cristiana, la vida activa y la vida contemplativa, esto no quiere decir que nos encerremos en un monasterio o convento perdido en algún lugar, o entremos en rutinas flagelantes, si no como sucedió en esa casa de los amigos de Jesús, en los quehaceres diarios se puede y debe tomar un momento, en el que nos pongamos a la escucha de la Palabra de Dios, meditando las Escrituras y rumiando cada versículo que leamos.
María, “sentada a los pies del Señor” y Marta, atareada por muchas cosas y ocupaciones, siempre sirviendo, pero cansada (cf. Lc 10,39-40.42). Dos modelos de vida cristiana que hemos de coordinar e integrar, no podemos vivir a miles de revoluciones por segundo sin parar, sin hacer un alto en nuestro diario andar y dedicarnos a la contemplación del misterio del Verbo Encarnado, como las escrituras lo reflejan, debemos vivir tanto la vida de Marta como la de María. Tenemos que estar atentos a la Palabra del Señor, y alertas, ya que el ruido y el tráfico del día a día , muchas veces “esconde” la presencia de Dios en nuestras vidas, el ruido nos aturde, nos aflige, es imperiosos buscar la paz y el sosiego para meditar y adentrarnos en las paginas de la Biblia. Porque la vida y la fuerza de un cristiano solamente se mantienen firmes y crecen si él permanece unido a la verdadera vid, Cristo, de donde se revela la vida.
La mayoría de nosotros estamos mas en el camino de ser como “Marta”, que ser como “Maria” Pero no tenemos que olvidar que el Señor quiere que seamos cada vez más como la ultima, Jesucristo también nos ha llamado a “escoger la mejor parte” y a no dejar que nadie nos la quite, esto es estar a la escucha permanente de su Palabra.
Por lo tanto es imperioso reencontrarnos a nosotros mismos. Jesucristo nos invita hoy a hacer una opción, escoger “la parte buena” (Lc 10,42).

El enfermo como sujeto evangelizado y evangelizador



En la sociedad en que vivimos unas de las prioridades de las comunidades que conforman la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa en Argentina, es la evangelización.

Pero nos planteamos el como y el donde realizarlas, métodos, lugares, mensajes, etc., y una causa pendiente de la mayoría de las iglesias herederas de la reforma es la evangelización en los ámbitos hospitalarios, en donde el dolor y la salud van unidas de la mano.

Esta situación de sufrimiento del hombre es también una oportunidad y un deber de actividad de nuestras iglesias, en donde refleje la luz del Evangelio en las personas que padecen enfermedades y sus familiares. Por lo tanto debemos organizar correctamente una pastoral hospitalaria adecuada, la formación especializada de los ministros y los grupos que van a realizar las visitas a los centros de salud, para no provocar situaciones incoherentes en un ámbito donde la profesionalización es necesitada constantemente, entre ellas la de los capellanes o los pastores visitadores.

Los pastores que tengan la noble tarea de visitar a los dolientes en los hospitales y a su vez confortar a los familiares, debe ser una persona que tenga las cualidades espirituales, e intelectuales necesarias, sin olvidar los instrumentos “técnicos necesarios” para integrarse en el complejo mundo de la salud.

Es necesario que el pastor esté formado en conocimientos mínimos al menos de la bioética, antropología bíblica, cierto conocimiento en enfermedades y del mundo del acompañamiento del hospitalizado y de sus familia, hoy no podemos enviar a improvisados, que por mas buena voluntad que se tenga, es un riesgo para la obra misionera en los hospitales como para incluso la salud física y psíquica del pastor como así del enfermo o familiar del mismo.

Si sabemos aprovechar bien la oportunidad de llevar el consuelo del Evangelio al sufriente y a su círculo familiar, podremos construir sujetos evangelizados y a la vez evangelizadores, estos desde su situación particular, son lumbreras de fe ante los demás pacientes e incluso las personas que integran el cuerpo hospitalario.

Acompañarlos con una adecuada catequesis sobre el dolor y sufrimiento es una forma de que ellos desde esas situaciones específicas puedan desplegar toda la riqueza del Evangelio presente en sus escenarios de salud enfermedad, siendo un instrumento de ejemplo que perdurara en las personas que entren en contacto con él.

Evangelizar desde el dolor es tan efectivo como la recepción en su mayoría del evangelio por parte del sufriente, ya que ésta persona se aferra a la esperanza que solo Dios Uno y Trino puede otorgar a los hombres, en ese contexto es necesario preparar e impartir una educación bíblica sobre el dolor y la confianza en el Creador y su soberanía, logrando ponernos humildemente en sus manos y conduzca nuestro destino según su voluntada.

No debemos olvidar también el interactuar en lo posible con el personal hospitalario, en sus diferentes oficios, para logar que se conforme un grupo de personas comprometidas con el Evangelio y sean idóneos en sus actividades y a su vez cristianos que sepan transmitir el mensaje de las Escrituras, no permitiendo que filosofías en contra del mensaje central de la Palabra de Dios, afecte los centros de salud, que sabemos que en su mayoría se infectaron con el virus de “ la muerte sistemática” de seres humano , sean nacidos o por nacer.

Es pues nuestro compromiso formar generaciones de pastores y demás miembros de nuestras iglesias, que sepan integrar diferentes disciplinas para una adecuada pastoral de la salud en los centros sanitarios como en domicilios particulares, e inclusive a los que se acercan a nuestras comunidades.

Poner énfasis en la formación académica y práctica concerniente a esta temática, sea mediante cursos, seminarios, simposios e inclusos carreras especificas al mundo de la salud, para así desarrollar una catequética adecuada con buenos elementos para evangelizar en medio del dolor.

Es nuestro anhelo que la misión de Argentina logre formar personal adecuado para tal sublime tarea.

Rev. Lic. José Luis Podestá.

¿Eres tu el que ha de venir o debemos esperar a otro?


El Señor concibe sus primeras manifestaciones y milagros como el Mesías que a de venir, así Juan manda a sus discípulos que le informe sobre las señales que oía de Jesús mientras estaba preso, casi esperando ya el destino fatídico, se interesa en confirmar si ese Jesús de que hablaba la gente era realmente el que debía venir, el Mesías.

Pero para muchos hombres de hoy la palabra Mesías suena un poco extraña e incluso me antevería a decir desconocida.

Pero no siempre fue así, en el transcurso de los siglos, Judíos y Cristianos han debatido, desde los orígenes del movimiento del hombre de Galilea hasta nuestros días, para indagar si el rabino Yeshúa de Nazareth daba cumplimiento o no a la expectativa mesiánica.

La discusión sobre esta figura, se tornó difícil cuanto que, no había una sola concepción del término o figura de lo que era Mesías, sino varias representaciones e incluso formas de esperar la manifestación mesiánica.

Una cosa indiscutible que para el hombre del siglo XXI al menos que pertenezca a la comunidad judía, la noción propia de Mesías, y de mesianismo apenas tiene significado. Los hombres del siglo XXI, en su inmensa mayoría occidentales, ignoran casi lo que estos términos significan, si es que no están por gracia de Dios involucrados en el trabajo de la viña del Señor, en comunidades cristianas de una forma comprometida.

De aquí que cuando se pronuncian las palabras Jesucristo, se admite tal cual el nombre propio, pero sin penetrar su significado, sin embargo, para los oídos palestinos del primer siglo, el término Cristo, es una palabra cuyo significado está herméticamente cerrado para la enorme mayoría de nuestros contemporáneos.

Este término "Cristo" es la trascripción del palabra griega Khristos, que significa "ungido", aquel que ha recibido la unción santa, Khristos procede del verbo Khrio que es "ungir".
El griego Khristos es la traducción del hebreo mashiah, trascrito en griego como Mesías. Mashiah se deriva del verbo hebreo mashah que significa "ungir".

El mashiah es aquel que ha recibido la unción hecha con aceite, los sacerdotes eran "ungidos" (Lev.4, 3.5.16; 6,15). El primer libro de Samuel nos refiere la unción de Saúl y de David, ulteriormente por el Profeta Samuel (1 Sam. 10: "Entonces sacó Samuel una redomita de óleo y derramó sobre la cabeza de Saúl y besóle, diciendo: ¿No es Jehová quien te ha ungido para príncipe de su pueblo? Tú regirás al pueblo de Jehová y lo liberarás de las manos de sus enemigos que lo rodean... "Así que Saúl volvió las espaldas, y se separó de Samuel, múdele a Dios el corazón en otro... Arrebatado de espíritu del Señor se puso a profetizar...")...Se indica por este y otros textos del antigua testamente que la unción ejercida por Samuel en nombre de Dios es un verdadero sacramento: sacramento de consagración real, que provoca la comunicación del espíritu de Dios; sacramento del profetismo.

Se llama "mesianismo" la esperanza, en Israel, de un rey "ungido" que ocupará el trono de David (Is. 11, 1);
"Y saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces”.

La relación en que Jesús se hallaba con el “nuevo Israel” fue precisada en la Iglesia primitiva mediante el titulo tradicional de "Mesías", el "ungido", que se le imputaba. Para los de habla griega se traducía literalmente como Khristos, esto es Cristo, pero por lo regular no era entendido así, sino que pronto fue tomado sencillamente como un nombre propio. Sin embargo, en los Evangelios tiene plena sustancia el término algo así como en su sentido original, y convendría guardar la voz hebraica como término que recuerde que "Cristo" o "Mesías" no es un nombre propio personal ni tampoco un vocablo teológico, sino indicador de una función histórica que propició en el hijo de Dios encarnado, la salvación de los hombres, de los elegidos de Dios. Juan en la conclusión de su Evangelio, dice que éstas se han escrito para que creáis de que "Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios…" (Jn.20, 31).
Pero Mateo en este relato de la consulta que Juan el bautista manda a sus discípulos que le hagan a Jesús maraca sutilmente la figura mesiánica salvadora de Jesús, cuando el Salvador relata el cumplimiento de los hechos que realizó, para que los discípulos informen de las cosas que vieron a su emisario.


Por lo tanto las dos figuras perfectas del Mesías y de siervo de Dios en la persona histórica de Jesús están encarnadas dramáticamente, en consecuencia, la manifestación de un Mesías, que se manifiesta como el enviado de Dios y salvador era y es estremecedor, imaginemos la reacción del bautista cuando sus discípulos le contaron los hechos, debió ser de gran gozo pero a su vez de gran consternación, porque se había acercado el mismo Dios viviente, en forma de hombre, para ser mas preciso la segunda persona de la Trinidad.

Así pues es bueno que recuperemos el sentido y el conocimiento de los que significa Jesucristo, para la historia y lo que significa para nuestra salvación, así como Juan mandó a sus discípulos a preguntar ¿eres tu el que ha de venir …? Así también preguntémonos nosotros si sabemos realmente quine nos redimió y si es Él el que ha de venir en nuestros corazones, ¿Como los descubriremos? Pues con la lectura asidua de la Palabra de Dios revelada, dejándonos interpelar en cada versículo, para encontrar ese gran gozo del Mesías, que vino y viene.

Rev. José Luis Podestá